sábado, 20 de septiembre de 2014

RECOMENDACIÓN 7: LA MUERTE Y LA DONCELLA



LA MUERTE Y LA DONCELLA



-¿Quieres la autentica verdad?

-Sí, esta noche quiero toda la verdad.








Volvemos a traer a Roman Polansky a esta sección para hablar de su trabajo como director. Polansky ha estado siempre interesado por el teatro. Con una de sus  últimas películas, Un Dios Salvaje, nos lo muestra. Una adaptación de la obra de Yasmina Reza. Pero en este caso nos vamos a otra obra de teatro: La Muerte y la Doncella.

            El drama, escrito por el escritor chileno Ariel Dorfman, está ambientado en un país que acaba de pasar por un régimen dictatorial. Paulina Salas ha sido torturada brutalmente por formar parte de la disidencia y todavía tiene presente lo que ha sufrido cuando un día Gerardo tiene problemas con una de las ruedas de su coche y es llevado a casa por un hombre desconocido: Roberto Miranda. Una vez en casa, Paulina reconoce la voz del desconocido como la de su torturador.

            Comienza la sospecha y la paranoia por partes iguales. Paulina quiere interrogar a quien considera su torturador y a su marido Gerardo Escobar le parece una locura. La única pista que tienen es el sonido de su voz y que el torturador siempre escuchaba el mismo cuarteto de cuerda durante los abusos: La muerte y la Doncella de Franz Schubert.

            Roman Polansky consigue trasladar esta tensión a la gran pantalla. Le ayuda la interpretación de  Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson. El escenario de la sospecha es una casa aislada entre acantilados, la luz se ha ido  y la iluminación consiste en velas y algunos candiles, los claroscuros se suceden como solo Polansky lo puede hacer y Conforme avanza la trama surgen más interrogantes para la audiencia.

            La película invita a la reflexión: ¿Debemos tomarnos la ley por nuestra mano cuando no encontramos justicia en las instituciones? ¿Qué podemos hacer cuando los autores de semejantes atrocidades quedan impunes? ¿Nos basta con tener el presentimiento de que alguien es culpable para condenarlo? Desgraciadamente los estados totalitarios no son ficción y la película tiene numerosas conexiones con la realidad.


-¿Qué pasaría si por algún increíble milagro esto sólo fuera una extraña coincidencia? ¿Y si fuera inocente?
-Si fuera inocente estaría realmente jodido.


           
            


Ahora es vuestro turno para juzgar a Roberto Miranda. 






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