domingo, 28 de diciembre de 2014

RECOMENDACIÓN 11: MEMORIAS DE ÁFRICA




MEMORIAS DE ÁFRICA






“La cura para todo es siempre agua salada: 
el sudor, las lágrimas o el mar”

 Karen Chistence Blixen-Finecke




Hablar de Memorias de África es recordar: "Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong…”.Creo que es una de las frases más celebres del cine, o al menos así me lo parece. 


Karen Blixen es, quizás, más conocida como Isak Dinesen (seudónimo que empleaba para firmar sus libros). Esta danesa, que nació en 1885, se educó  para formar parte las clases altas de la sociedad. Pero que no dudó en dejar su acomodada vida social y marcharse miles de kilómetros de su país, por lo que demostró que era muy independiente para aquella época colonial. También demostró ser tenaz al sacar ella sola la granja.



¿Por qué hay que leer este libro? Creo que, independientemente de lo que nos relata la autora o de los personajes que aparecen, es un libro que nos habla de  la apasionante vida de esta mujer durante los 17 años que pasó en África. Nos muestra sus paisajes, sus gentes, sus maravillosos amaneceres y atardeceres o el rugir de los animales. El respeto que tuvo hacia esa tierra a la que amó más que a nada. No es un libro de amor, pues casi habla del marido de pasada. Y cuando lo hace de Denys (supuesto amante) lo hace como un gran amigo. Quizás hubo algo  íntimo entre los dos, pero sólo se aprecia en la película.


Karen se casó  en África con el barón Bror Blixen- Fenecke, que era un primo lejano. Él ponía el título y ella el dinero. Pero ese matrimonio fracasó antes de cumplir el primer aniversario de bodas. Le contagió una sífilis que la fue arrastrando toda su vida y que le costaría la vida a los 77 años. Tras aguantar años de infidelidades, ella decide separarse a los seis años de matrimonio y quedarse con la granja y la plantación de café.



En el libro, publicado en 1937, narra su existencia en la granja de Kenia. Fue una mujer independiente, que abandonó la comodidad y que superó muchos prejuicios de la época. Hay que recordar que en esa época Kenia era por entonces parte de África Oriental Británica. Karen tuvo que aprender las lenguas aborígenes y las costumbres locales. Se enamoró de esa tierra por la que luchó y trabajó, pero acabó regresando a su país tras la caída de los precios del café.  Intentó volver pero la Primera Guerra Mundial le impidió regresar. África representaría para Karen la libertad, el contacto con personas de otras razas y los espacios abiertos.


En la vida de esta activa mujer aparece otro hombre: Denys George Finch, con el que mantiene un romance muy intenso, aunque con algunos altibajos, durante la película (de Sydney Pollak). Éste inglés liberal era un cazador y  piloto que estaba afincado en África.  Poco le duraría el romance con Denys, pues éste fallecería en un accidente de avioneta, al estrellarse ésta contra el altiplano africano. Fue enterrado en las colinas de Ngong. Hoy en día, previo pago, se puede visitar su tumba. 

Un libro de 400 páginas algo pesado para los que no les atrae el continente africano.




En cuanto a la película, dicen que una imagen vale más de mil palabras y en esta ocasión es verdad: para mí es una de las mejores películas de aventuras, de romance y además, es un canto a ese continente africano. 


La película se estrenó en 1986 y fue el romance africano que nos encandiló a quienes la vimos.  Sydney Pollack pensó en un primer momento en Audrey Hepburn para el papel de Karen, por suerte la elección recayó en la gran Meryl Streep, quien trabajó mucho para darle el acento danés a su papel.  Con Robert Redford lo tuvo mucho más fácil, pues ya había trabajado con él en varias películas y encajaba perfectamente.  La química entre Meryl y Redford me gustó mucho. Sus interpretaciones rozaron la perfección. Y,  ¿qué os puedo decir de la escena en dónde él le lava el cabello? Quizá la imagen que identifica la película para muchos de nosotros.


Esos atardeceres maravillosos y fotografiados por David Watkins, junto  con la inolvidable y evocadora  música de John Barry (ganador de 7 Óscar a lo largo de su carrera) es  poesía en estado puro.


Para finalizar puntualizaré que la película no es una adaptación literal del libro de Karen, sino más bien una bonita historia de amor y aventuras con un final trágico. Pero hay que verla para saborearla o, si ya la han visto, sentarse de nuevo delante de la película, por si esta vez somos nosotros los que hemos cambiado.



Águeda Conesa Alcaraz

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