jueves, 22 de mayo de 2014

RECOMENDACIÓN 4: GERTRUD








GERTRUD


El universo de Carl Theodor Dreyer es sobrio, triste. Su mirada penetra, sin miedo, en el dolor de la existencia. Basada en la obra teatral del escritor sueco Hjalmar Söderberg, Gertrud es una de las tres grandes películas sonoras que realizó. Algunos la rechazarán inmediatamente por su estática puesta en escena y por sus diálogos de una lentitud inverosímil, pero el afortunado que sepa apreciar sus inmensos valores, su poesía, su hondura, la extremada sensibilidad, se convencerá de haber visto una de las películas más importantes de la historia del cine.

            Asistimos a la ruptura del matrimonio entre Gertrud y su marido, un alto burgués que está a punto de ser nombrado ministro. Un hombre calculador, ambicioso, elegante, educado. Ella le anuncia su deseo de separarse. Se ha sentido muy sola con él. Le reprocha haber estado volcado en su carrera política. Ahora ha reencontrado la pasión amorosa en la persona de un músico que no le corresponde en ese amor sublime y absoluto al que se consagra y cuya reciprocidad exige. Para él, ella es una conquista más; para ella, él es el objeto en el que renueva el irrenunciable motor de su existencia.

            Gabriel Lidman es un poeta reconocido que ha cantado bellamente al amor y sin embargo se siente excluido de su disfrute. Se celebra un homenaje en su honor, pero escucha las elogiosas palabras con tristeza. Su vida no tiene alegría desde que Gertrud lo abandonó. Ahora quiere retomar aquella historia de amor, pero ya es tarde. Ella está en otras estaciones de la vida, agarrada al amor y al desamor, herida por ambos.





            Lidman habla con Gertrud. La ama pero también se compadece de la sumisión pasional que la arrastra. La última noche sintió el inmenso dolor de oír cómo era mancillada su dignidad. En la fiesta a la que asistió, vio al músico jactándose de su conquista. Ahora quiere recuperar aquel amor que tuvieron, la relación que se rompió el día en que ella descubrió en su escritorio una anotación en la que expresaba la dificultad de entregarse a su labor poética si al mismo tiempo debía atenderla. Ahora está solo, muy solo, y ella está secuestrada por una pasión que le está haciendo daño. Pero Gertrud solo atiende a sus sentimientos. La razón está de más: le proporcionaría una estabilidad que interpretaría como muerte, haciéndola sentirse infiel a su más vital promesa.

            Lidman reconoce que, en su ansia por lograr una obra excelsa y el consiguiente reconocimiento, la fue postergando. Es cierto que creía en el amor. Lo había cantado en los admirados poemas que lo encumbraron, pero ahora siente que ha fracasado en lo real, en lo concreto. La perdió por algo deseable que ahora ha descubierto que no es nada, que no puede llenarlo, porque su corazón está muerto. “Conmigo eras frío como el mármol. Yo necesito un amor apasionado”, le recrimina Gertrud.

            El amor es sufrimiento, nos dice esta historia. Se lamenta Lidman: “las cosas nunca son como las habíamos imaginado”. Y el marido concluye: “la vida se nos escapa inexorablemente. Nunca cuidamos lo suficiente aquello que queremos”. O lo que dice un verso de los poemas que encabezan cada capítulo: “la felicidad no te trajo la paz interior”. Y Gertrud también se suma al coro de las decepciones: “no es posible la felicidad en el amor”.

          
  El amor lo es todo para Gertrud, aun el más doliente. Es una droga. Y no se puede elegir al amado. Es un amor que no resuelve soledades.

            Hacia el final de la película, los años han pasado. Gertrud es una anciana que vive como una ermitaña. Ya solo piensa en la muerte. Mira la vida hacia atrás y la ve como un fuego que se está apagando. No se retracta de sus creencias. En la lápida de su tumba figurará una inscripción: “Amor omnia”. “En la vida solo hay dos cosas: amor y juventud”, insiste. Cuando esté con un pie en la tumba mirará hacia atrás y se consolará, se reafirmará: “he sufrido mucho y cometido errores, pero he amado”. Una frase que se repite a sí misma como un mantra con el que aligerar la losa de la conclusión definitiva.
 
 Javier Puig










Javier Puig nació en Barcelona (1.958). Desde 1.988 reside en Orihuela. Ha publicado poemas, cuentos y aforismos en la revista Empireuma, así como artículos en diversas publicaciones impresas, especialmente en La Lucerna. Desde hace dos años, semanalmente, viene publicando artículos, mayoritariamente sobre literatura y cine, así como fragmentos de sus diarios inéditos, en diversos blogs como el de Muñoz Grau, “Historias para no dormir(se)” (www.mgrau.es), Frutos del tiempo (http://frutosdeltiempo.wordpress.com/) o MinutoCero (http://www.minutocero.es/). También ha colaborado en diversos libros colectivos así como en exposiciones poéticas. 




viernes, 9 de mayo de 2014

RECOMENDACIÓN 3: EL CÓNSUL DE SODOMA


EL CÓNSUL DE SODOMA








No recuerdo si me la recomendaron o sencillamente alguna mención leí en una revista o periódico. “El cónsul de Sodoma”, versaba el título. El protagonista: Jordi Mollà. El argumento: la vida de Jaime Gil de Biedma. Había que verla sin más dilación.