domingo, 18 de enero de 2015

RECOMENDACIÓN 13: DRÁCULA




DRÁCULA







“Es la víspera del día de San Jorge. ¿Usted no sabe que esta noche, cuando el reloj marque la medianoche, todas las maldades del mundo tendrán pleno poder?”

Bram Stoker




Éste novelista, escritor, periodista y funcionario irlandés nunca se imaginó que, tras publicar en 1897 la novela Drácula iba a tener la repercusión que tuvo  y que aún hoy en día sigue teniendo. Se ha convertido en un libro clásico que hay que leer. Bram nació en Irlanda en 1847 y falleció de una sífilis en Londres en 1912. 


Bram se inspiró en la vida de Vlad Drácul III, más conocido con  “el empalador”.  Fue príncipe de Valaquia (1431-1476). Éste hombre tenía un método predilecto de tortura que consistía en introducir un palo de 3,50 m de longitud por el recto, fijarlo a la carne de sus víctimas y después levantarlo hasta lograr la muerte.

La novela está estructura en diarios, en cartas, en transcripciones de conversaciones y en telegramas que nos permiten profundizar en los distintos personajes que aparecen en la novela. Stoker logró llevar el género de terror a otro horizonte, ya que aportó romanticismo y sexualidad a la historia, y la multiplicidad de voces y narradores la convierte en una narración compleja.



Los personajes son fáciles de distinguir y están muy marcados, además de que al final ven cómo sus vidas se cruzan. La acción trascurre fundamentalmente en Transilvania, tierra en la que conviven distintas culturas (húngara, rumana, eslava y gitana). El ambiente y las descripciones de los lugares, así como la vida de las gentes de aquella época. están muy bien logrados.


Drácula es un muerto viviente que reina en la noche. No come, no bebe y no se refleja en los espejos. Busca a sus víctimas femeninas para succionarles la sangre y convertirlas en vampiras. Aparece en cualquier parte y ejerce una fascinación endiablada. Es “el malo” por antonomasia. 


La novela comienza con el viaje del abogado inglés  Jonathan Harker hacia el castillo del Conde Drácula, que está entre Transilvania y Moldavia.  La misión de Harker es la de darle asistencia legal y cerrar unos negocios. El joven secretario, quien  lleva un diario personal en el que anota todo lo que vive en tierras rumanas y que le envía a su novia Mina, se convierte, primero en huésped del conde y después en su prisionero. En el castillo hay tres mujeres, que son vampiras y “novias” de Drácula y que intentan seducirle, pero que no lo logran. Al final Harker logra escapar y en su huida llega a un convento, en el que las monjas le cuidan y avisan a Mina, con la que se casa inmediatamente y  juntos regresan a Londres.

Mientras tanto, el conde viaja a tierras londinenses y seduce a Lucy, amiga íntima de Mina, a la que convertirá en vampira. Lucy está siendo cuidada por su amiga Mina, pero cada vez está más enferma y sus tres enamorados contratan a un médico holandés, especialista en enfermedades raras. Drácula se hace el encontradizo con Mina, que es casi idéntica a su difunta esposa Elisabeta. Entre ellos nacerá una especie de amor y odio, que nos mantiene en vilo hasta el final. El romance está servido…




Quizá una de las mejores películas de la historia de Drácula sea la de Francis Ford Coppola (1991), protagonizada por Gary Oldman (Drácula),  Keanu Reeves (Jonathan Harker), Winona Rydes (Mina), Anthony Hopkins (Abraham Van Heising) y Sadie Frost (Lucy). En 1992 obtuvo tres Óscar: mejor vestuario, mejor maquillaje y mejor efectos de sonido, y premios merecidos, todo hay que decirlo. Coppola rodó una película muy fiel a la novela, aunque incorpora una relación amorosa entre Drácula y Mina con un alto componente trágico y pasional.


Hay muchos actores que han encarnado al vampiro más famoso de todos los tiempos: Christopher Lee, Thomas Kretschmann, Willem Dafoe, Frank Langella o Klaus Kinski, entre otros muchos. Sin embargo, yo me quedo con Gary Oldman, que consiguió una gran interpretación, quizá la mejor de su carrera. Resultó muy convincente tanto de vampiro como cuando seducía a Winona. ¿Quién no recuerda la frase “He cruzado océanos de tiempo para llegar hasta ti”? 


Por su parte, Winona Ryder (que para mí no es una gran actriz), estuvo muy sensual y su trabajo es bastante respetable. Tuvo que adelgazar y dejarse el cabello largo para interpretar a Mina y a Elisabeta, la mujer del conde que se suicidó cuatrocientos años atrás. Mina en la novela es una mujer muy responsable y fiel, que cae bajo el poder hipnótico de Drácula,  mientras que en la película  se enamora del conde sin mayor titubeo.  Las escenas entre ella y Gary desprenden pasión y sensualidad, cosa que no encontramos de forma tan evidente en la novela.


La caracterización del personaje de Keanu Reeves en la pantalla se parecía bastante al personaje de la novela, quizá el mejor marcado. En un principio, el papel era para Johnny Depp, quién lo rechazó. Después tantearon a Dicaprio y Brat Pitt, pero sería Reeves quién -gracias a la amistad con Coppola- se quedó con el papel. 


El papel del médico Van Helsing  lo encarnó Anthony Hopkins, quien había bordado al Hannibal Lecter  de El silencio de los corderos. En Drácula estuvo muy aceptable y digno, como cabía esperar en este magnífico actor. Prestó su voz como narrador e interpretó al sacerdote que castigó a la mujer de Drácula tras su suicidio. Hopkins estudió el alemán para lograr darle el acento adecuado a su papel.


Como siempre en todos los rodajes existen curiosidades y en Drácula no iba a ser menos. Por ejemplo, Sadie Frost (Lucy) tuvo que teñirse el cabello de rojo para diferenciarse de Winona, pues ambas tenían un gran parecido físico.  El tema musical del final (Canción de amor para un vampiro) fue compuesto por Annie Lennox, amante del mito.

Otra curiosidad es que el cochero que recoge a Harker para conducirle hasta el castillo del conde es interpretado también por Gary Oldman (capricho del actor). Dicen las malas lenguas, además, que Gary se cortó cuando chupaba la cuchilla ante Reeves: los efectos del alcohol…



En definitiva, la adaptación de la novela por Coppola (con guión de James V. Hart)  es bastante aceptable y el trabajo de los actores encomiable. Nunca está de más volver a echar un vistazo a los clásicos, así que para esas tardes perdidas del invierno os invito a disfrutar de esta cinta que –como su novela homónima- se convertirá en otro clásico.






 Águeda Conesa


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