domingo, 8 de marzo de 2015

RECOMENDACIÓN 20: EL DESENCANTO.








Catorce años después de la muerte de Leopoldo Panero, Jaime Chávarri graba esta película documental sobre la familia Panero-Blanc. Corría el año 1976 y se estrena "El Desencanto".


Cuando me hablaron de la película pensaba que sería un documental encorsetado y alejado de la realidad, pero al verla me di cuenta de que no es del todo un documental, que va más allá: un testimonio duro desde dentro. Una familia completamente fragmentada (o que empezaba a estarlo). 



Juan Luis y Michi con Felicidad Blanc.
La secuencia inicial está cargada de significación: Felicidad Blanc sentada en el acto de inauguración de una estatua dedicada a Leopoldo Panero en Astorga. Está sola y transmite una imagen digna de una matrona romana. La mirada perdida pero sosegada a la vez. Felicidad sola y estoica muestra el desencanto de aquella época, así como lo que proseguiría a estos años. Pasará un buen rato hasta que sus hijos se sienten junto a ella sin apenas mirarla. 



Felicidad con sus tres hijos.
No podremos ver a la familia al completo hasta bien avanzado el largometraje.  Comienza hablando Felicidad, luego tenemos una escena con Michi y Juan Luis. Más tarde, aparece Juan Luis hablando solo sobre Borges, García Lorca y Scot Fitzgerald, y cuando por fin aparecen todos juntos, lo único que hacen es reprocharse mutuamente cosas del pasado. Somos testigos desde el inicio del desencanto que ha dejado Leopoldo Panero tras de sí. No está vivo, sin embargo está presente todo el tiempo. A pesar de todo, también hay hueco para las anécdotas infantiles y travesuras de Leopoldo María, que añaden cierta dulzura al film.



Continuando con el símil que Noelia Illán establece en sus palabras sobre Lúcidos bordes de abismo, de la misma manera que hay un paralelismo entre Luis Antonio de Villena y el biógrafo Suetonio, hay otro paralelismo con la familia Julio-Claudia y la familia Panero-Blanc, castigadas ambas por algún tipo de maldición a la sombra de sus ascendentes y acabando con ese “fin de la raza” que menciona Michi:



“Todo lo que yo sé del pasado, futuro y presente 
de la familia Panero es que es la sordidez más mema 
que he visto en mi vida […] 
Somos el fin de una raza.” 



Si bien es verdad que al principio el discurso se centra en el difunto Leopoldo Panero, poco a poco los hijos de Leopoldo y Felicidad toman un mayor protagonismo. La película es una obra en la que los personajes se interpretan a sí mismos y de algún modo terminan sobrepasando al padre y marido (“el conejo blanco”, como lo llaman los hijos). 


Leopoldo María, Felicidad y Michi en un fotograma de El Desecanto.


Entre las situaciones que más destacan están las duras palabras de Leopoldo María Panero, nuestro homenajeado de la semana en La Galla Ciencia, contra su madre por ingresarlo en el psiquiátrico y de alguna manera la hace culpable de sus tragedias personales. Es manifiesto el odio que Leopoldo María tenía contra su madre, odio que no era incompatible con el amor, como también se ha dicho muchas veces (recordemos el poema “Ma Mére”, de Leopoldo María, dedicado a su “desoladora madre”). 


Juan Luis, discutiendo con Michi.

Una película dura pero real, imprescindible para acercarnos a esta familia que todavía genera interés y fascinación. La muestra gráfica del inicio del fin: el colapso de los Panero contado de primera mano por sus protagonistas, una mezcla entre el teatro más auténtico y la biografía. La historia de unos personajes que eran ellos mismos. 








Samuel Jara




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