sábado, 21 de marzo de 2015

RECOMENDACIÓN 22: EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA




EL PIANISTA







El pianista del Gueto de Varsovia es un libro de las vivencias, durante la ocupación nazi en Polonia, de Wladyslaw Szpilman, pianista y compositor polaco de origen judío (1911-2000). Sus relatos nos cuentan cómo logró sobrevivir  a la destrucción de la comunidad judía de Polonia. Nos relata cómo vivió en primera persona las deportaciones de los judíos a los campos de exterminio, la destrucción del gueto de Varsovia… Todo lo que vivió y sufrió durante la Segunda Guerra Mundial. Nos habla hasta qué extremos los humanos somos capaces de degradar a las personas tanto por la infamia de los verdugos como por los padecimientos  y torturas a las que eran sometidos sus víctimas.



En ésta ocasión poco voy a escribir del libro: hay que leerlo -aunque nunca se entenderá toda esa barbarie-. El músico escribió sus vivencias nada más acabar el conflicto bélico. Lo haría con melancolía, pues fue desmenuzando sus experiencias personales y el ambiente de horror que sufrió la población polaca. 


Szpilman, a pesar de todo esto, no juzgó a nadie pues nada se ha leído sobre ello. El libro incluye en su parte final algunos extractos del diario personal del capitán Hosenfeld. La obra finaliza con un epílogo del poeta alemán Wolf Bierman. El libro fue publicado en polaco en 1945, con el título “Muerte de una ciudad” y fue muy censurado por la autoridades comunistas de la época. Muchos años más tarde, sería su hijo Andrzej quien volvería a publicarlo (1998).



Respecto a la película, la considero una obra magistral. La dirige el polaco Roman Polansky,  y sus entresijos hay que desmenuzarlos un poco más.






Para quien haya visto la película, recordará que al inicio de la misma observamos imágenes en blanco y negro de aquella época y que nos van metiendo en ella. El pianista está tocando en directo un Nocturno de Frederic Chopin, en la emisora de radio polaca en donde trabaja. De repente, empieza un bombardeo que  hace indicar que Hitler está atacando Polonia. Todos van huyendo de la emisora, pero él sigue tocando el piano, hasta que una explosión le hace caer herido.



Así comienza la odisea trágica de Szpilman (Adrian Brody)  quien, separado de su familia y en solitario, es testigo de la ocupación nazi. Malvive en el gueto hasta que, por mediación de amigos pertenecientes a la Resistencia, logra escaparse y se va escondiendo en distintos lugares ruinosos. No tiene comida y  ni casi agua. Para no volverse loco, al observar cómo su ciudad va siendo arrasada, no dejando piedra sobre piedra, toca el piano con los dedos en el aire.



A punto de finalizar la contienda se refugia en el desván de una casa que se estaba acondicionando para convertirla en un cuartel general para los nazis. En una de las habitaciones hay un viejo piano y el capitán Wilm Hosenfeld (Thomas Kretschmann) descubre a Szpilman y le obliga a demostrar que es pianista. Con las manos entumecidas por el frío y el hambre, logró tocarle un Nocturno en Do Sostenido de Chopin.  

Éste alemán, durante un mes,  le ayudó a mejorar su escondite y le fue llevando comida envuelta en hojas de periódicos para que estuviera al día con los acontecimientos bélicos.  El Ejército Rojo entra en lo que queda de la ciudad. Tras acabar la guerra, Szpilman regresa a los estudios de la radio y vuelve a interpretar la pieza musical de Chopin que no finalizó al inicio de la contienda.



Para Polansky dirigir esta película no fue tarea fácil si tenemos en cuenta  la gran variedad y cantidad de obras cinematográficas en las que se ha tratado el holocausto. Personalmente, pienso que la aportación de Roman es muy inestimable, ya que ayudó con sus propios recuerdos, pues hay que acordarse que él escapó del gueto de Cracovia con apenas siete años de edad. Vivió como un mendigo en la calle y logró escapar de los nazis al hacerse pasar por hijo católico de algunas familias de acogida.



Durante la Segunda Guerra Mundial perdió a su madre en Auschwitz, junto a otros familiares. Su padre, que estuvo confinado dos años en el campo  de concentración de Mauthausen-Gusen, sobrevivió al holocausto. Roman no habla de lo que vivió en la guerra, pero con la historia de Szpilman se acercó un poco a su pasado.

El director buscaba una historia para hacer una película y cuando leyó la vida de Szpilman decidió llevarla al cine. Se entrevistó con el superviviente pianista y éste le comentó que se sentía muy orgulloso de que su libro fuera llevado al cine por un compatriota de éxito. El músico no llegaría a ver el magnífico resultado, ya que murió antes de ser estrenada.



La película recibió muchos premios, de los cueles destacaría La Palma de Oro (Festival de Cannes 2002), tres premios Óscar (director, actor principal y al mejor guión adaptado), siete premios César del cine francés (película, director, actor principal, banda sonora, mejor fotografía, decorado y sonido), dos premios BAFTA (película y director), sin olvidar el Goya español a la mejor película europea en 2002.




Llegamos a Adrian Brody. Cuando el estadounidense se enteró de que Polansky lo había elegido para encarnar a Szpilman vio que podría ser la oportunidad de su vida. Se presentaron más de 1400 candidatos. El actor, antes de comenzar a rodar, estuvo más de dos meses a dieta rigurosa para perder peso. Adelgazó más de veinte kilos que le permitieron interpretar un retrato más realista de su personaje. Además, le proporcionaron un piano en su habitación y un teclado en el tráiler, en donde practicaba horas y horas. Él sabía algo de éste instrumento pero no conocía el piano clásico de Chopin.

También se aisló durante meses (se deshizo del coche, del apartamento, del móvil….) y su novia, dicen, le abandonó al no soportar ese modo de vida. Sin embargo, todos estos sacrificios se saldaron con el Óscar al mejor actor con tan sólo 29 años.



Y también tendríamos que destacar a Wilm  Hosenfeld: un patriota idealista. Este capitán católico y nazi fue hecho prisionero por el Ejército Rojo y estuvo internado en un campo de prisioneros soviético, muriendo en el mismo (1952). No sólo ayudó al pianista, pues escondió y rescató a polacos y judíos. Por lo que relata Szpilman, ambos hombres hablaron muy poco por miedo a ser descubiertos, de hecho el músico no sabía ni el nombre de su salvador.  Cuando el alemán fue detenido  intentó mandarle un mensaje por mediación de Leon Warm, otro judío a quien salvó en Varsovia. Szpilman no pudo dar con él. Las numerosas peticiones de clemencia nunca tuvieron respuesta por parte de Stalin. Hosenfeld tuvo un juicio sin abogados que le defendieran ni garantías jurídicas y al final fue sentenciado a 25 años de prisión, sin que le probaran ningún delito. Szpilamn diría de él que fue el único ser humano con uniforme alemán que conoció.






Es una película magistral, pero no hay que olvidar que antes fue una historia real. Un libro para leer y no olvidar jamás lo que los humanos somos capaces de hacer los unos contra los otros.




Águeda Conesa


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