domingo, 26 de abril de 2015

RECOMENDACIÓN 26: TELEMUJERES


Los protagonistas de "Culpable de este amor".


Poco podía sospechar Borges que uno de sus versos "No nos une el amor, sino el espanto" fuese a pronunciarlo un personaje de telenovela.  Una de las sorpresas de la que llevo viendo cada tarde, por razones que escapan a mi comprensión. En un par de ocasiones citan también Casa tomada y 1984.

Depositaria de antiguos victimismos, la mujer de la telenovela  se multiplica en tres, en siete, en ochenta, y cada personaje abraza misteriosos atributos, secretas virtudes, rasguños de heroísmo o menudencia, alada mediocridad.
Ora es feliz alimentando a quienes visitan su altar-fortaleza-casa, ora encarna a la Justicia y es comprensiblemente cómplice en la persecución de los malvados, ora representa a Circe, sensual  sádica y vengadora de oprobios masculinos, ora revive en joven madonna  para buscar, a lo largo de ciento ochenta y nueve capítulos, a su criatura concebida con males artes y secuestrada  al nacer.

En la telenovela, un Anticristo, padre cariñoso y mutante, transmite su originalidad genética cada treinta y tres años. Sus pupilas adquieren un brillo despiadado en ciertos clímax y es capaz de ejecutar a sus acólitos traidores con ternura sin igual.
Mientras tanto, el Héroe sobrevive al amor y a los revólveres entre jeringuillas y dosis de una droga que mata la voluntad de los individuos y hará—si él no lo remedia–triunfar al Mal sobre el mundo siempre tan ancho y tan ajeno.

En la telenovela  se llega a las manos,  se velan los desnudos, los besos son labio-palatales según la edad y los padecimientos. Hay  bebés  hábiles en telequinesia, mujeres que lloran su esterilidad, madres que pierden a sus hijos, hijos que las matan cumpliendo órdenes y por siempre sollozan ante sus tumbas cuántos-disgustos-te-he-dado. En la telenovela se olvida el rumbo de las olas y las banderas de los buques son necesariamente falsas. El Mal tiene espíritu emprendedor y multiplica sus negocios, sus crímenes, se introduce en las secretarías de gobierno y en las clínicas de salud  y tatúa a sus miembros con un ideograma chino. El Mal se interpone en el sendero de las mujeres locas por encamarse con el Héroe y por sus imaginarios o reales bebés  –a quienes portan como estandarte de misión cumplida y  regalo a la humanidad. 

La maga Circe.
Implacable, resuena el himno a la vida en los oídos antes mudos, indiferentes hasta que poco a poco se dejan vencer por el hechizo de quedarse contemplando el techo con ojos vacuos  y  unas infinitas ganas de no hacer, solo salir al balcón, apoyarse en el éter, juntar mucha saliva y entreabriendo la boca dejarla caer en un hilo de baba interminable.
Y, sin embargo, ¿cómo entender el mundo sin olor a mito, mito doméstico, oloroso y doliente? ¿Qué región de lo femenino silenciado alcanzan las telenovelas, que también disfrutan de muchos espectadores masculinos?

Algunos días y treinta y nueve capítulos más tarde, enganchada por voluntad propia, asisto al reencuentro del Anticristo y su madura madre,  cuya mirada compasiva hace temblar al pobre hombre. En brillante anagnórisis, reaparece también el Padre – en la cadena de Anticristos que se reproducen cada treinta y tres años hasta llegar al Elegido, el bebé que  presidirá el nuevo Orden tras el Fin del Mundo. Pero nos movemos en terreno de los guionistas, en deuda con los culebrones bizantinos, los libros de aventuras peregrinas , los folletines del XIX y –más cercanos en el tiempo— los seriales radiofónicos. 
Presiento un desenlace horripilante, la curación del aciago niño, el adiós a la imaginación perversamente sensual de los malvados  gozadores y la epifanía del Héroe y la Heroína  post románticos–  como era ¡ay!  tan previsible.

 Amparo Arróspide


Filmografía

Telenovela “Culpable de este amor”, estrenada en 2004 y emitida por Telefe (Televisión Federal) desde Buenos Aires.
El bizarro melodrama permite una lectura o interpretación política, ya que transcurridos poco más de veinte años desde la dictadura militar argentina (1976- 1983), “Culpable de este amor” transmuta a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo en personajes que reclaman  a sus hijos  secuestrados por  la “Secta del Tigre” (¡). Se incorporan elementos ya exitosos del cine, como el argumento de Rosemary´s  Baby  de Polansky (1968),  fragmentos de la banda sonora del Drácula (1992) de Ford Coppola y un montaje trepidante, combinando numerosas tramas que alternan entre sí al estilo de Robert Altman en Short Cuts (1993).







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