domingo, 6 de diciembre de 2015

RECOMENDACIÓN 50: LEJOS DE LOS HOMBRES

'LEJOS DE LOS HOMBRES', UNA VICTORIA MORAL




Así titulaba Jordi Costa, crítico de El País, su reseña de “Loin des hommes” (alguna vez, por suerte, los títulos españoles son traducciones directas del original), película estrenada recientemente, cuyo argumento es una adaptación libre de un relato de Camus,”L’hôte”, aquí traducido como “El huésped”, incluido en “El exilio y el reino”. ‘Hôte’ tiene también, sin embargo, otra posible traducción: ‘anfitrión’, ’el que hospeda o acoge’. Así que la palabra francesa, con esa doble acepción, es perfecta, porque hace referencia, a un tiempo, a los dos personajes.


Lo que, en su origen, es un relato muy breve se convierte en una historia mucho más extensa, que desarrolla, fundamentalmente, la relación entre los personajes principales en una accidentada travesía entre dos puntos del Atlas argelino, durante la Guerra de la Independencia de Argelia. Como han señalado muchos críticos, el filme adopta los modos del ‘western’ clásico: paisajes amplios, prácticamente desérticos; itinerario peligroso, tanto por la dureza del lugar como, sobre todo, por los enemigos que acechan; dos hombres que comparten la huida, lo que conlleva el comienzo de su amistad; determinación del héroe en cuanto a la obligación que se ha impuesto…




En mi opinión, a pesar de la invención de muchos datos no existentes en “L’hôte”, la película es profundamente camusiana; de hecho, dota al protagonista, Daru, de rasgos que no cuesta identificar con el propio Camus: origen español ( lo era la madre del autor ), múltiple identidad que le impide optar por unos u otros combatientes ( fue el caso de Camus durante la guerra de Argelia ),compromiso con lo que considera justo, afrontando los riesgos que conlleva (dificultades del autor con otros escritores, en principio, afines: es conocida la dura polémica con Sartre )…


Asimismo, es transparente que el protagonista, tanto en la obra original como el planteado en el filme, encarna los valores humanos que Camus defiende en sus obras mayores, “La peste” y “El hombre rebelde”, sobre todo. Es el hombre justo enfrentado al absurdo de la existencia y obligado a decidir ante dilemas que tal vez había querido evitar ‘alejándose de los hombres’. En la película, Daru, combatiente con Francia en la Segunda Guerra mundial y diez años después maestro en una escuela rural, casi en medio de la nada, se encuentra de nuevo en un escenario de guerra, la de la Independencia de Argelia, su país.



Por otra parte, también cabe interpretar el título como la expresión de la realidad mental del protagonista, cuyos sentimientos y convicciones morales lo alejan, a la vez, de los colonos franceses y de los rebeldes árabes, algunos de los cuales, además, han sido soldados a sus órdenes durante la Guerra mundial – recuérdese que sólo han transcurrido diez años -- . Él elige defender a aquel que, a su pesar, le ha sido confiado, y de ello resulta una inesperada amistad; esta elección comportará – sucede siempre que elegimos -, consecuencias inevitables, que rompen el modo de vida que se había planteado.



Cinematográficamente, esta película reúne todos los elementos que dan lugar a una obra lograda: su director y guionista, David Oelhofen, había estrenado varios cortos interesantes y un único largometraje, este último hace varios años. Resulta sorprendente, por ello, la madurez que muestra en todos los aspectos, empezando por el propio guión, que desarrolla el relato aportando elementos personales e históricos muy adecuados a la situación de los personajes. En este sentido, debe destacarse la cuidadísima ambientación, que observamos hasta en pequeños detalles –como ocurre en las buenas películas ‘de época’ -. La fotografía es espléndida, tanto en los grandes planos del paisaje como el la aproximación a los rostros, tanto de los protagonistas como de los personajes secundarios. Yo diría que la cámara los ilumina, como sucede con los grandes directores, aunque sin detenerse demasiado tiempo en ellos.





Oelhofen ha contado con músicos de lujo, Nick Cave y Warren Ellis. La banda sonora subraya los momentos no dialogados, de modo que la inmensidad de la naturaleza resulta indisoluble del ambiente tenso y sobrio del filme. Grandes actores dan vida a los personajes principales: Reda Kateb, francés de origen argelino y checo (cuyo abuelo árabe fue también actor) es un intérprete continuamente reclamado por el cine francés – del que, por desgracia, nos llega tan poco - , hasta el punto de haber rodado en los dos últimos años ¡15 películas!, claro que sólo algunas como protagonista; está perfecto en su papel de Mohamed, taciturno y al principio casi inexpresivo. Viggo Mortensen (una especie de hombre del Renacimiento de nuestra época, puesto que es también editor, fotógrafo, ocasionalmente músico, y pinta y escribe poesía) está soberbio en su papel de Daru; es conocida la intensidad con que prepara sus personajes y su habilidad para desenvolverse en varias lenguas, como en este caso – tal vez facilita este hecho el que domine, como lenguas maternas, el inglés, el danés y el castellano -. Mortensen es también uno de los productores de la película, lo que viene siendo frecuente en los últimos años, en los que se ha implicado en proyectos que considera interesantes. Están asimismo excelentes los secundarios, incluido el breve ‘cameo’ de Ángela Molina.



Desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, la película podría tener un final perfecto en una escena que muchos espectadores adivinábamos como tal, pero Oelhofen sigue adelante, prolongando un poco más la historia, por una necesidad de coherencia moral, lo que la dota de una lúcida melancolía. Y sobre esto no añadiré más, fiel al principio, sagrado en cualquier relato, de ‘no desvelar nunca el final’.



Espero que los admiradores de Camus y del buen cine tengamos un poco de suerte y los distribuidores se dignen estrenar en España “El primer hombre”, película de 2011, basada en la obra homónima, que fue publicada póstumamente – por el tiempo transcurrido desde el estreno en Francia, me temo que no la veremos en pantalla grande --.



Termino con estas palabras de homenaje a Camus – y a Mauriac - , tomadas del programa literario “ Apostrophes”, que ocupó un horario estelar en la televisión francesa de 1975 a 1990. Decía en 1978 Bernat Pivot, su director y presentador: “Si hubiéramos tomado el pulso de Camus y Mauriac, estoy seguro de que habríamos escuchado el latido del mundo”.



Aurora Saura

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