domingo, 22 de febrero de 2015

RECOMENDACIÓN 18: SOMBRERO DE COPA.



BOTAS DE AM'OR,

BODAS CON CLAQUÉ 


            Soy Jerry Ciempiés, todos me conocéis: soy el rey del tap, no necesito pareja. Tap, tap, taponeo. El mundo es un hotel y un escenario. Temo por si, el día en que me casara, una esposa y una suegra –dos por una, ¡buena oferta!– me trataran como un dios. Para mi suegra, lo sospecho, yo sería Dios, sí: sabría que existo, ¡pero no podría ni verme! Soy Jerry Ciempiés. Tap, tap, taponeo.



            (Dos semanas después. Gran sala de hotel, con lámpara de araña, iluminación divina, sin sombras, paredes que son espejos, dos ciempiés unen sus zarpas con sendos anillos de oro. Tap, tap, taponean).[1]





Si el hombre pudiera decir lo que ama,

si el hombre pudiera enarbolar su amor por el cielo

como un arma, 

sabrían que yo era aquel que, un día,

alcance dio a la caza,

                                   y, desde entonces, vive con el amor y un deseo que le abrasan. 

                                   (Tap, tap, taponeo).






Soy Jerry el Ciempiés, con cien botines de piel.



No conozco libertad

sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia elitista,

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y mi espíritu flotan en su cuerpo y en su espíritu

como leños perdidos que el mar anega o levanta

libremente,

con la libertad del amor,

la única libertad que me exalta,

la única libertad por que muero. 

(Tap, tap, taponeo).






Y no es que muera de amor, muero de ti.

Muero de ti, amor, de amor de ti,

de urgencia mía de mi piel de ti,

de mi alma de ti y de mi boca

y del insoportable que yo soy sin ti.



Tal ímpetu me come las entrañas, que sorbo

tu carne palmo a palmo, cerco de llamas el seso,

te devoro a miradas y a caricias.

Y es que ni la muerte, ni el ansia, ni el tiempo serán estorbo.



(Tap, tap, taponeo).



El abrazo será preludio del beso

y yo... y yo soy un cordero que claquetea.






Ojos garzos tiene la novia:

ved, ya sale de la boda.



Son tan bellos y tan vivos

que a todos tienen cautivos;

mas muéstralos tan esquivos

que roban la alegría toda.



Roban el placer y la gloria,

los sentidos y la memoria;

cantan todos la victoria

de esta ceremonia hermosa.



(Hemos cambiado el “amén, amén”

por el... –Tap, tap, taponeo–  

por el “amor, amor”).



Sin música



Transido,

oigo flotando en olas de armonías

rumor de besos y batir de alas;

mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?

¡Es el amor que pasa!



Libre. Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña.



Grande te quiero,

como mente preñada

de primavera.



Blanca te quiero,

como flor de azahares

sobre la tierra.



Lidiaría a la libertad, para que fueses mía.



(Tap, tap, taponeo).








Podría escribir los versos más felices este día.



Escribir, por ejemplo: “El hotel está iluminado,

cuelgan fúlgidas arañas,

y gorjean vítores refulgentes ruiseñores, a lo lejos”.



El viento marino canta y baila en el cielo.



Podría escribir los versos más felices, con felicidad desmedida, este día.



(Tap, tap, taponeo).






(La voz de la novia resuena sin demora)



–Claquetéame ahora que aún es temprano

y que llevo dalias nuevas en la mano.

–Ahora, que tengo la carne olorosa

y los ojos limpios y la piel de rosa.

–Ahora, que calza mi planta ligera

la sandalia claquetera de la primavera.

–Ahora, que en mis labios repica la risa

como una tapa sacudida aprisa.



–Después... ¡Ah, yo sé... 

yo sé que, después, también te tendré!



–Hoy, y mañana, ámame, Ciempiés:

¿no ves que la enredadera que soy

bailará a tus pies?







(Él acepta)



–Ámame tú también ahora que tengo en los ojos

la suave llama de la tarde

y la gracia de la sonrisa

y la leve frescura del otoño.

–Ámame ahora que tengo en los labios

el fuego deslumbrante del Mediodía,

la serenidad del cielo en las mejillas.

–Ámame ahora que corre por mis hombros

el torrente divino del deseo.

–Ahora y no luego, ahora y no mañana,

ahora que besa mi alma todo tu cuerpo

y toda tu alma.

–Bésame ahora que es otoño a vista de primavera

ahora que todo es hermoso y feliz,

ahora y no mañana, ahora y no luego.



–¡Ámame!:

no nos separarán huracanes de verano o invierno.



–¡Ámame! Ámame... ahora y luego.



(Tap, tap, taponeo).



Sin música (Pausa)



(Ella nos convida con alegría y complicidad)



Esta mañana, amigos,

todos

veinte años tenemos:

todo nos mira alegre,

                        y yo voy de vuelo,

entre tanto azul  

y tanto beso.

Esta mañana, amigos, todos veinte años tenemos.



Compartidlos con nosotros.



Sin música



(Él se despide)



Es dulce ser amado,

amigos;

pero amar,

oh dioses,

qué ventura.



(Tap, tap, taponeo. Tap, tap, taponean).



De inmediato, telón de música: Cheek to cheek, de Irving Berlin



(Los invitados se levantan, jalean el tap, tap, taponeo, y tap, tap, taponean. No hay más vida más allá de tap, tap, taponeo. Soy Jerry, el Ciempiés. Tap, tap, taponeo).







[1] Miscelánea de poesía versionada (Cernuda, Juan de la Cruz, Jaime Sabines, Juan del Encina, G. A. Bécquer, A. García Calvo, P. Neruda, Juana de Ibarbourou, Ricardo Molina, R. Alberti, Goethe) para Jerry Travers y Dale Tremont en el día de su boda civil.

 

Academia Internacional de Ciencias, 
Tecnología, Educación y Humanidades (AICTEH)

 *Texto e ilustración extraídos de

domingo, 15 de febrero de 2015

RECOMENDACIÓN 17: GERMINAL.


GERMINAL



 Apaga la vela, que no necesito ver el color de mis ideas.
Émile Zola.





Émile Zola (París, 1840-1902) fue padre del movimiento literario llamado “Naturalismo” (surgido en el siglo XIX y basado en reproducir la realidad con una objetividad perfecta en todos sus aspectos). En España participaron en este movimiento personajes de la talla de Benito Pérez Galdós, Clarín y Blasco Ibáñez.

domingo, 8 de febrero de 2015

RECOMENDACIÓN 16: FRANKENSTEIN.



 Frankenstein de Mary Shelley, 
20 años de un delirio incomprendido




Título: Frankenstein de Mary Shelley
Director: Kenneth Branagh
Reparto: Robert de Niro, Kenneth Branagh, Helena Bonham Carter, Tom Hulce, John Cleese, Aidan Quinn, Ian Holm, Richard Briers
Género: Terror/Drama
Fecha de estreno: Diciembre, 1994
Producción: Francis Ford Coppola, James V. Hart, John Veitch
Banda Sonora: Patrick Doyle
Fotografía: Roger Pratt
Vestuario: James Acheson
Guión: Stephen Lady y Frank Darabont sobre la novela de Mary Shelley


domingo, 1 de febrero de 2015

RECOMENDACIÓN 15: EL SILENCIO DE LOS CORDEROS




EL SILENCIO DE LOS CORDEROS






Un libro abierto es un cerebro que habla.

Proverbio hindú. 




La lectura es ampliar conocimientos, es ayudar a desarrollar nuestro lenguaje. Creo que, cuando lees un libro, el autor se transforma en un sabio que nos va aportando valiosos conocimientos. Hoy en día, en donde todo es tecnología audiovisual e imagen, se olvida coger un libro y disfrutar al pasar las páginas. La lectura nos hace viajar a otros lugares sin movernos del sillón. Lo mismo sucede con el cine.


“El silencio de los Corderos”, basada en una novela de Thomas Harris, se estrenó en el año 1991 y mucho se ha escrito, comentado o hablado de esta película de intriga y de asesinos en serie. Personalmente, disfruté más con la película que con el libro.  Recibió en su día, entre otros premios, 5 Oscar: mejor película, mejor director (Jonathan Demme), mejor actor (Anthony Hopkins), mejor actriz (Jodie Foster) y mejor guión adaptado. Y todo ello a pesar de que el género de terror no era muy reconocido en la alfombra roja.

Hay que recordar que Jodie no era la primera candidata al papel de Clarice Starling: se pensó antes en actrices como Michelle Pfeiffer, Melanie Griffith o Meg Ryan, pero todas rechazaron el papel. Felicidades para la Foster, pues protagonizó a una estupenda novata agente del FBI, quien en un principio parecía débil, pero sin duda nada indecisa y bastante ambiciosa.
Ocurrió lo mismo con el papel de Hannibal Lecter: Jeremy Irons o  Gene Hackman fueron los elegidos en un principio, pero tampoco aceptaron. No resultó fallida la elección: Hopkins bordó al personaje, sin duda. Quizás fue su obra maestra.


La trama de la película nos lleva hasta un psicópata llamado “Buffalo Bill” (Ted Levine) que lleva de cabeza al FBI. Este asesino atrae a mujeres jóvenes y “rellenitas” a su furgoneta, las encierra en un pozo que tiene en su casa y al poco las despelleja antes de matarlas para hacerse un traje con la piel de las víctimas. El FBI, ante la impotencia que sienten por no resolver los casos, llama a la joven Starling, experta en conductas psicopáticas. 
 
Hopkins durante el rodaje.

La novata, siguiendo las instrucciones de su nuevo jefe Crawford (Scott Glenn), visita al doctor Hannibal Lecter, que está preso en una cárcel de máxima seguridad. Éste, violento tipo a la vez que seductor, es un psiquiatra que lo mismo te arranca una nariz para comérsela, que te recita poemas de Bécquer. A partir de esa primera visita se crea una relación especial entre ellos. No se puede olvidar el famoso “quid pro quo” que le propone Lecter a Starling. Hay que felicitar también al guionista (Tally) porque la estructura del guión es fantástica y el final de la película sorprendente. Sin duda, una obra maestra que hay que ver porque te mantiene en vilo desde el inicio hasta el final. 


En cuanto al libro de Thomas Harris (escrito en 1988), cierto es que desde la primera página te hace sentir la misma tensión por los cuatro costados.  Es una novela intensa, de esas que no puedes dejar de leer. Insiste mucho en la idea de que lo criminal y lo psicológico van cogidos de la mano. Harris escribió un relato en donde no sólo está el asesino Buffalo, sino que añade a otro psicópata, Lecter, quien intenta empatizar con Clarice, mostrándole de alguna forma el camino a seguir para atrapar a Buffalo.  El autor usó un lenguaje claro, proporcionando a los lectores la información necesaria para pillar al malo. Creo que lo que hace de esta novela sea muy buena es la personalidad de Hannibal. Nos asusta su falta de humanidad, pero maravilla su claridad mental. 

 

También hay que añadir que se describen muy bien los esfuerzos que hace Starling por capturar y entender a Buffalo, y la atmósfera que se crea entre ellos durante las entrevistas que mantiene con Lecter para avanzar en el caso es magnífica. 




Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero en este caso no es así: “El silencio de los corderos” es el segundo volumen de una serie de cuatro libros, todos centrados en Hannibal.


Si os gusta el thriller, no dejéis de leerlo. La tensión está asegurada.



 


                                                                             Águeda Conesa Alcaraz