domingo, 29 de marzo de 2015

RECOMENDACIÓN 24: REVISITANDO BRIDESHEAD II.


REVISITANDO BRIDESHEAD II
LAS ADAPTACIONES DE RETORNO A BRIDESHEAD.
EL RODAJE DE LA SERIE. LOS ACTORES.


           
Hubo un tiempo en que decir "película o serie inglesa" era sinónimo de lo bien hecho, de un producto cuidado y pulido que rozaba casi lo perfecto.  Retornoa Brideshead de Granada TV venía avalada por series británicas anteriores como Arriba y abajo (1971-1975) o Yo, Claudio (1976) y terminó por demostrar que, al igual que en el cine, si se financiaba adecuadamente,  el medio televisivo podía ofrecer también obras de calidad que perdurasen en el tiempo. El cine inglés de los ochenta y primeros noventa contribuyó a consolidar ese marchamo de calidad irrefutable sacando rédito de la literatura inglesa contemporánea, con adaptaciones de dramas costumbristas situados en el periodo de entreguerras. Curiosamente es un director norteamericano, James Ivory, el que de forma natural asociamos a este tipo de cine, con tres películas basadas en novelas de E.M. Foster:  Una habitación con vistas (1985) Maurice (1987), Regreso a Howard´s End (1992) y una cuarta,  Lo que queda del día (1993) basada en una novela de Kazuo Ishiguro.  Dentro de esta nómina de cine inglés de la época estarían también dos adaptaciones más de novelas de E.M. Foster:  Pasaje a la India (1984) de David Lean, situada en la India colonial bajo dominio británico y  Donde los ángeles no se aventuran (1991) de Charles Sturridge que,  como Una habitación con vistas relata la estancia de un grupo de ingleses en La Toscana. Tampoco hay que  olvidar la oscarizada Carros de fuego (1981) de Hugh Hudson que narraba la historia de dos atletas británicos que participaron en los Juegos Olímpicos de 1924 en París. En la filmografía del director de Retorno a Brideshead,  Charles Sturridge, es de destacar Un puñado de polvo (1987), también basada en una novela  de Evelyn Waugh, la mencionada Donde los ángeles no se aventuran (1991), Un cuento de hadas (1997) con Peter O´Toole, y las miniseries Longitude (2000) con Jeromy Irons  y Shackelton (2002) donde Kenneth Branagh hace el papel del famoso explorador polar y donde aparecen dos actores que intervinieron en la serie Retorno a Brideshead: John Grillo (Mr. Samgrass) y Phoebe Nicholls (Cordelia).  Todas estas películas y series (con la excepción de Yo, Claudio) están impregnadas de una melancolía y de un sentido elegiaco por una Inglaterra que había quedado en el pasado. 
            Antes de esta serie, en vida de Evelyn Waugh, hubo un intento de llevar a la gran pantalla la historia narrada en su novela Retorno a Brideshead .  Se sabe que en el otoño de 1946, Waugh viajó a Hollywood para discutir una oferta de la Metro. El mundo decadente de la aristocracia y la alta sociedad inglesa de los años 20 que aparece retratado en la novela era potencialmente muy atractivo para el público americano. Pero Waugh sabía muy bien qué quería y sus ideas sobre una posible adaptación de la novela resultaron, al final, la antítesis de las que tenían "los  salvajes de California" como llamaba familiarmente al mundo de Hollywood. 

            Las negociaciones con los Estudios fueron sin duda complicadas. En un memorándum[1] que el escritor les mandó en febrero de 1947,  se contienen instrucciones muy detalladas sobre el tema principal de la novela: "la intervención de la gracia divina en un grupo de personas";  sobre las características arquitectónicas de la mansión de Brideshead, con detalles sobre dos elementos esenciales para Waugh como la capilla y la fuente; sobre  el carácter de los personajes y sobre escenas concretas como el reencuentro de Charles y Julia en el trasatlántico que les lleva desde Nueva York a Inglaterra. 



            Cuenta Waugh que después de llevarle en automóvil durante horas  visitando posibles localizaciones, sólo vio solares vacios, gasolineras y construcciones inclasificables más propias de un suburbio de El Cairo o Alejandría que de cualquier lugar de  Europa. Tampoco le convenció la idea que los productores tenían de Retorno a Brideshead como una hermosa historia de amor entre Charles y Julia. Waugh no queda convencido de poner en manos de la industria cinematográfica americana su novela más emblemática y rechaza la propuesta, volviéndose a Inglaterra.

            Al parecer, en 1951 hubo otro intento de llevar la novela a la gran pantalla con guión del escritor Graham Green, católico y amigo de Waugh, pero fracasa por falta de financiación económica.  No será hasta finales de la década de los setenta cuando la productora independiente Granada Televisión se interese por llevar la novela a la pequeña pantalla.  Para ello pondrían toda la carne en el asador, la serie contaría con un altísimo presupuesto y un plantel de actores de la escena teatral británica sin parangón hasta entonces. Se compraron los derechos en el otoño de 1977 y la serie comenzó a rodarse en enero de 1979, con producción de Derek Granger y Martin Thompson y  dirigida por Michael Lindsay-Hogg[2]. Quiere la leyenda que, en un primer momento el papel de Charles estuviera pensado para Anthony Andrews y el de Sebastian para Jeromy Irons, pero los dos jóvenes actores, que se conocían previamente al haber coincidido en el rodaje de la serie histórica The Pallisers (1974), se intercambiaron los papeles, encontrando así cada personaje su encarnación perfecta.  Andrew hace un perfecto Sebastian de carácter patricio, fascinante y magnético pero con la ambigüedad justa; y Jeromy Irons un Charles instruido y elegante, con los modales de un gentleman. Irons tiene entonces 33 años y cuando comienza el flashback su personaje no tiene más de 18, lo mismo sucede con Andrews[3], pero la diferencia de edad con sus respectivos personajes no se resiente más de lo necesario.

           

 El equipo se trasladó al archipiélago de Malta, donde se rodaron las escenas  de Sebastian en el norte de África y las de Charles en México y Sudamérica. Pero cuando volvieron a Inglaterra para comenzar a rodar en Oxford y en York, los sindicatos convocan una huelga que afectó al personal técnico de la ITV (Independent Television) y llegó a hacer peligrar la continuación del proyecto.  Hasta octubre no se reanuda el rodaje, perdiéndose todo el verano. Para entonces el director Michael Lindsay-Hogg tuvo que abandonar la dirección por tener otro proyecto firmado con anterioridad. Granada TV elige entonces a un hombre de la casa, Charles Sturridge, que tenía a la sazón 28 años,  de formación clásica y relativa experiencia como actor y director teatral[4].   




             A medida que avanzaba el rodaje se dieron cuenta de que la historia iba creciendo bajo su propio empuje y que los seis capítulos previstos se quedaban cortos para plasmar todo el potencial de la novela. Granada TV  hubo de aprobar un presupuesto para ampliar la serie.  Ahora serían siete episodios de dos horas de duración. También en ese momento se pensó en introducir la narración en off de Charles Ryder[5]. La extensión de la serie, planteó una serie de problemas que complicaron aún más el rodaje y que hubieron de resolverse de forma espontanea. Los contratos con los actores hubieron de renegociarse.  Debido a la apretada agenda de Laurence Olivier,  las escenas en las que éste aparecía (como padre de Sebastian) debían ser rodadas lo antes posible, no se podía prescindir de Olivier que era una de las bazas con que contaba la serie. El problema estribaba en que sus escenas no habían sido escritas todavía. El guión de que disponían, de John Mortimer, prácticamente era una transcripción de la novela de Waugh, con lo que Sturridge y el productor Dereck Granger, que era gran admirador de Waugh, se encerraron durante un fin de semana en un hotel y adaptaron el texto al medio televisivo con el tiempo suficiente para que Olivier pudiera estudiarlo[6]. Otro problema lo planteó Jeremy Irons que se había presentado al casting de La mujer del teniente francés y puso como condición para continuar con la prolongación del rodaje que si salía elegido para el papel protagonista, se ausentaría para rodar también la película de Karel Reisz junto a la actriz Meryl Streep. Irons fue seleccionado para el papel estelar y trabajó de forma simultánea en ambos proyectos, lo que también dificultó la marcha normal del rodaje ya que Charles está omnipresente en la historia. 

           
Completando el maravilloso reparto encontramos, encarnando al resto del clan de los Flyte, a  Diana Quick, con gran experiencia como actriz de series televisivas, como Julia; a  Phoebe Nicholls, que el año anterior había rodado El hombre elefante,  como Cordelia; y a un todoterreno Simon Jones como el primogénito Lord Brideshead. Para representar a los padres de los dos protagonistas, Lord Marchmain y Edward Ryder, contaron con dos de los mayores colosos de la escena británica de todos los tiempos: Laurence Olivier y John Gielgud[7]. Dos actrices de carácter: Claire Bloom y Stephane Audran interpretan los papeles de lady Marchmain (madre de Sebastian) y Cara, la amante de Lord Marchmain, con quién éste vive retirado en Venecia. 
            En los papeles secundarios tenemos a un extraordinario Nickolas Grace  encarnando al histriónico Anthony Blanche, a John Grillo como Mr. Samgrass, Jeremy Sinden como Boy Mulcaster y Charles Keating como Rex Mottram.

            Un par de pormenores, a modo de anécdota, dicen mucho del esmerado cuidado con los detalles de producción. Por ejemplo, Aloysius, el oso de peluche de Sebastian, era un ejemplar de época perteneciente al actor y coleccionista, Peter Bull[8]. Para la escena en que Charles acude a su primer encuentro con Sebastian y su círculo con el ritual de los huevos de chorlito, dado que este ave estaba protegido por ley y el consumo de sus huevos prohibido, los colaboradores de Dereck Granger estuvieron varios días buscando una solución. Al final se utilizaron huevos de gallina que una empresa especializada se encargó de pintar cuidadosamente, simulando su característico color moteado.

            Por fin, el rodaje finalizó en enero de 1981 con las escenas de los disturbios durante la huelga general de 1926. Durante la post-producción se decidió  que era mejor reestructurar la serie con dos episodios de casi dos horas, el inicial y el último, y nueve de poco menos de una hora.  El primer episodio se emitió el 12 de octubre de ese año por la ITV. Tras su estreno, Anthony Burgess escribió: "Creo que es la mejor serie de televisión de ficción que jamás se ha hecho. Es el libro. En cierto modo es mejor que el libro". En Canadá se emitió a partir del 19 de octubre y en Estados Unidos el 18 de enero de 1982. La acogida en este país también fue excelente. El Washington Post también dijo de ella que era la mejor serie vista hasta el momento en la televisión estadounidense. Se pusieron de moda los pantalones anchos de franela, las corbatas oxonienses, los vestidos de lino de tonos pastel y las réplicas del oso de peluche Aloysius, además de la alta cotización que alcanzaron los huevos de chorlito.  En España, como vimos en la entrega anterior,  la serie no llegaría hasta enero de 1983. 




            No podemos terminar este capítulo sin mencionar la película de 2008 con el mismo título de Retorno a Brideshead y dirigida por Julian Jarrold[9]. Sin ser una mala película, su principal hándicap desde el principio fue la constante comparación en el recuerdo, no con su referente literario sino con la serie de Granada TV con la que no tiene competencia posible. Por otra parte los actores, confrontados con los de la serie,  son como pálidos reflejos. Tenemos la sensación de que no están completos, que les faltan matices; no nos seducen ni llegan a emocionarnos en ningún momento.  Ni Mattehw Goode ni Ben Whishaw hacen que olvidemos, siquiera por un segundo, a Irons y Andrew.  La puesta en escena, a pesar de la coincidencia de algunas localizaciones, no trasmite.  La banda sonora de Adrian Johnston  tampoco es comparable a la de Geoffrey Burgon ni tiene el poder de evocación de ésta. Todo el entramado de temas queda simplificado, primero al pulso homoerótico y luego al triángulo amoroso Charles-Julia-Sebastian. A la película, en definitiva,  le falta luminosidad en la primera parte y en la segunda, Jarrold incide en el lado oscuro de los personajes, cuya felicidad se ve condicionada por sus creencias religiosas y el sentimiento de culpa. 

            En la próxima entrega continuaremos hablando del rodaje de la serie, esta vez centrándonos en los emplazamientos y en la banda sonora de Geoffrey Burgon. 






[1] http://www.theguardian.com/film/2004/may/22/classics.film#down
[2] Conocido por haber dirigido la película documental  sobre los Beatles, "Let it be" (1970), que refleja las tensiones y rivalidades en el último año antes de su disolución.
[3] Ambos actores habían nacido en 1948, Andrews en enero y Jeromy Irons en septiembre.
[4] Años después, un periodista le preguntó cómo alguien tan joven había logrado dirigir a actores tan experimentados como Laurence Olivier, John Gielgud y Claire Bloom. Sturridge contestó sin dudar lo más mínimo: "Los buenos actores son muy fáciles de dirigir".
[5] Al introducir la narración en off de Charles Ryder, la serie se acerca más al espíritu de la novela,  escrita en primera persona, y refuerza su carácter introspectivo. No olvidemos que el personaje principal hace un recorrido por su pasado revisando sus actos y estados de ánimo y, en particular,  su relación con cada uno de los miembros de la familia Marchmain.
[6] Para el resto del rodaje hasta el parón de Navidad,  la dinámica de trabajo fue la misma, cinco días para rodar y dos para escribir el guión. Durante las vacaciones pudieron terminar el guión completo. 
[7] Gielgud celebraba su 60 aniversario con el teatro británico, con más de 500 representaciones de Hamlet a sus espaldas.
[8] Peter Bull llegó a escribir un libro sobre los ositos de peluche.
[9] Realizador asimismo de La joven Jane Austen (2007)



sábado, 21 de marzo de 2015

RECOMENDACIÓN 22: EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA




EL PIANISTA







El pianista del Gueto de Varsovia es un libro de las vivencias, durante la ocupación nazi en Polonia, de Wladyslaw Szpilman, pianista y compositor polaco de origen judío (1911-2000). Sus relatos nos cuentan cómo logró sobrevivir  a la destrucción de la comunidad judía de Polonia. Nos relata cómo vivió en primera persona las deportaciones de los judíos a los campos de exterminio, la destrucción del gueto de Varsovia… Todo lo que vivió y sufrió durante la Segunda Guerra Mundial. Nos habla hasta qué extremos los humanos somos capaces de degradar a las personas tanto por la infamia de los verdugos como por los padecimientos  y torturas a las que eran sometidos sus víctimas.



En ésta ocasión poco voy a escribir del libro: hay que leerlo -aunque nunca se entenderá toda esa barbarie-. El músico escribió sus vivencias nada más acabar el conflicto bélico. Lo haría con melancolía, pues fue desmenuzando sus experiencias personales y el ambiente de horror que sufrió la población polaca. 


Szpilman, a pesar de todo esto, no juzgó a nadie pues nada se ha leído sobre ello. El libro incluye en su parte final algunos extractos del diario personal del capitán Hosenfeld. La obra finaliza con un epílogo del poeta alemán Wolf Bierman. El libro fue publicado en polaco en 1945, con el título “Muerte de una ciudad” y fue muy censurado por la autoridades comunistas de la época. Muchos años más tarde, sería su hijo Andrzej quien volvería a publicarlo (1998).



Respecto a la película, la considero una obra magistral. La dirige el polaco Roman Polansky,  y sus entresijos hay que desmenuzarlos un poco más.






Para quien haya visto la película, recordará que al inicio de la misma observamos imágenes en blanco y negro de aquella época y que nos van metiendo en ella. El pianista está tocando en directo un Nocturno de Frederic Chopin, en la emisora de radio polaca en donde trabaja. De repente, empieza un bombardeo que  hace indicar que Hitler está atacando Polonia. Todos van huyendo de la emisora, pero él sigue tocando el piano, hasta que una explosión le hace caer herido.



Así comienza la odisea trágica de Szpilman (Adrian Brody)  quien, separado de su familia y en solitario, es testigo de la ocupación nazi. Malvive en el gueto hasta que, por mediación de amigos pertenecientes a la Resistencia, logra escaparse y se va escondiendo en distintos lugares ruinosos. No tiene comida y  ni casi agua. Para no volverse loco, al observar cómo su ciudad va siendo arrasada, no dejando piedra sobre piedra, toca el piano con los dedos en el aire.



A punto de finalizar la contienda se refugia en el desván de una casa que se estaba acondicionando para convertirla en un cuartel general para los nazis. En una de las habitaciones hay un viejo piano y el capitán Wilm Hosenfeld (Thomas Kretschmann) descubre a Szpilman y le obliga a demostrar que es pianista. Con las manos entumecidas por el frío y el hambre, logró tocarle un Nocturno en Do Sostenido de Chopin.  

Éste alemán, durante un mes,  le ayudó a mejorar su escondite y le fue llevando comida envuelta en hojas de periódicos para que estuviera al día con los acontecimientos bélicos.  El Ejército Rojo entra en lo que queda de la ciudad. Tras acabar la guerra, Szpilman regresa a los estudios de la radio y vuelve a interpretar la pieza musical de Chopin que no finalizó al inicio de la contienda.



Para Polansky dirigir esta película no fue tarea fácil si tenemos en cuenta  la gran variedad y cantidad de obras cinematográficas en las que se ha tratado el holocausto. Personalmente, pienso que la aportación de Roman es muy inestimable, ya que ayudó con sus propios recuerdos, pues hay que acordarse que él escapó del gueto de Cracovia con apenas siete años de edad. Vivió como un mendigo en la calle y logró escapar de los nazis al hacerse pasar por hijo católico de algunas familias de acogida.



Durante la Segunda Guerra Mundial perdió a su madre en Auschwitz, junto a otros familiares. Su padre, que estuvo confinado dos años en el campo  de concentración de Mauthausen-Gusen, sobrevivió al holocausto. Roman no habla de lo que vivió en la guerra, pero con la historia de Szpilman se acercó un poco a su pasado.

El director buscaba una historia para hacer una película y cuando leyó la vida de Szpilman decidió llevarla al cine. Se entrevistó con el superviviente pianista y éste le comentó que se sentía muy orgulloso de que su libro fuera llevado al cine por un compatriota de éxito. El músico no llegaría a ver el magnífico resultado, ya que murió antes de ser estrenada.



La película recibió muchos premios, de los cueles destacaría La Palma de Oro (Festival de Cannes 2002), tres premios Óscar (director, actor principal y al mejor guión adaptado), siete premios César del cine francés (película, director, actor principal, banda sonora, mejor fotografía, decorado y sonido), dos premios BAFTA (película y director), sin olvidar el Goya español a la mejor película europea en 2002.




Llegamos a Adrian Brody. Cuando el estadounidense se enteró de que Polansky lo había elegido para encarnar a Szpilman vio que podría ser la oportunidad de su vida. Se presentaron más de 1400 candidatos. El actor, antes de comenzar a rodar, estuvo más de dos meses a dieta rigurosa para perder peso. Adelgazó más de veinte kilos que le permitieron interpretar un retrato más realista de su personaje. Además, le proporcionaron un piano en su habitación y un teclado en el tráiler, en donde practicaba horas y horas. Él sabía algo de éste instrumento pero no conocía el piano clásico de Chopin.

También se aisló durante meses (se deshizo del coche, del apartamento, del móvil….) y su novia, dicen, le abandonó al no soportar ese modo de vida. Sin embargo, todos estos sacrificios se saldaron con el Óscar al mejor actor con tan sólo 29 años.



Y también tendríamos que destacar a Wilm  Hosenfeld: un patriota idealista. Este capitán católico y nazi fue hecho prisionero por el Ejército Rojo y estuvo internado en un campo de prisioneros soviético, muriendo en el mismo (1952). No sólo ayudó al pianista, pues escondió y rescató a polacos y judíos. Por lo que relata Szpilman, ambos hombres hablaron muy poco por miedo a ser descubiertos, de hecho el músico no sabía ni el nombre de su salvador.  Cuando el alemán fue detenido  intentó mandarle un mensaje por mediación de Leon Warm, otro judío a quien salvó en Varsovia. Szpilman no pudo dar con él. Las numerosas peticiones de clemencia nunca tuvieron respuesta por parte de Stalin. Hosenfeld tuvo un juicio sin abogados que le defendieran ni garantías jurídicas y al final fue sentenciado a 25 años de prisión, sin que le probaran ningún delito. Szpilamn diría de él que fue el único ser humano con uniforme alemán que conoció.






Es una película magistral, pero no hay que olvidar que antes fue una historia real. Un libro para leer y no olvidar jamás lo que los humanos somos capaces de hacer los unos contra los otros.




Águeda Conesa


domingo, 15 de marzo de 2015

RECOMENDACIÓN 21: RETORNO A BRIDESHEAD.




REVISITANDO BRIDESHEAD I

"RETORNO A BRIDESHEAD" Y LA ESPAÑA DE 1983







   Cuando escucho los primeros compases de la banda sonora de Retorno a Brideshead siento una punzada en el corazón y mi pulso se acelera, mi sistema nervioso comienza a liberar endorfinas a través del torrente sanguíneo y me invade una variedad de sentimientos y emociones agridulces entre los que reconozco la nostalgia y la fascinación. Sé que voy a encontrarme con viejos amigos, sé que me esperan las peripecias de Charles y Sebastian por los colleges de Oxford, que voy a volver al hechizante Brideshead en verano y a un palacete en Venecia junto al Gran Canal donde el sol ilumina con magnificencia los frescos de la escuela de Tintoretto; que voy a ser una vez más testigo del reencuentro de Charles y Julia, huérfanos de la tormenta, en un barco dando bandazos en medio del océano como sus corazones tan frágiles. Que voy a encontrarme, en un  hermoso ejercicio de arqueología personal, conmigo mismo en 1983, con  aquel muchacho alto y desgarbado de pelo largo, a pocos meses de incorporarse al servicio militar. Vuelven a mí, en confusa y promiscua mezcolanza mis primeras lecturas de Dostoievski, Scott Fitzgerald, Borges, Kavafis, Cernuda, Hölderlin, Yourcenar, Salinger... autores que me han acompañado desde entonces. 

           
Superada la cincuentena, alcanzo a comprender que mi manera de ser y de estar en el mundo y mi ideario estético no serían los mismos sin que, con diecinueve años, viera a retazos la primera emisión de esta serie.  Luego, evidentemente, he tenido oportunidad de leer la novela de Evelyn Waugh y de ver en muchas ocasiones la serie entera o capítulos sueltos. Pero en mi caso primero fue la serie y luego la novela.[1]

                 Han pasado más de treinta años y España ha cambiado mucho desde entonces. Estamos en 1983, el año posterior a la celebración del Mundial de Futbol, en el que habían entrado de forma masiva en los hogares españoles los televisores en color con mando a distancia. La Movida, el arrebato de una España en construcción al decir de Loquillo, se encuentra en plena efervescencia. La creatividad en todos los campos: música, arquitectura, pintura, diseño, literatura, cine, moda...  influye decisivamente en los códigos morales, las pautas de conducta y las costumbres.  Lo que comenzó llamándose epidemia de neumonía atípica y luego "síndrome tóxico"  o "enfermedad de la colza" se saldaba, a finales del año 82, con 336 muertos y miles de afectados. Felipe González forma gobierno tras haber ganado el PSOE  las elecciones generales en octubre del 82. El triunfo electoral de un partido de izquierdas marca, según los analistas, el fin de la etapa conocida como  "transición española".  Una de las primeras decisiones fue la expropiación de Rumasa y el comienzo del proceso legislativo  para despenalizar el aborto. ETA secuestra al empresario  Diego Prado y Colón de Carvajal. En Cataluña se consigue por primera vez en España una fecundación in vitro.  Severiano Ballesteros gana el trofeo de Augusta. En los USA, Ronald Reagan pone en marcha un plan de defensa estratégico contra un eventual  ataque nuclear de la URSS que se conoció como "la guerra de la galaxias". El Pioneer 10 se convierte en el primer objeto de fabricación humana que abandona el sistema solar. Ese año el Premio Nobel de Literatura lo gana el autor de El señor de las moscas, William Goldwin y el de la Paz, el líder sindical polaco Lech Wallesa. El Príncipe de Asturias es concedido al mexicano Juan Rulfo y el Cervantes a Rafael Alberti. Remedios Amaya irá al Festival de Eurovisión, volviendo con cero puntos.  Un grupo de punk-rock femenino, Las Vulpes, interpreta su canción Me gusta ser una zorra en el programa Caja de Ritmos, de Carlos Tena. El escándalo acaba en los juzgados por una querella interpuesta por la Fiscalía y el cierre del programa. 


Ese año comienza también a emitirse La edad de oro, programa de culto dirigido por la periodista Paloma Chamorro[2] que contenía entrevistas,  reportajes y actuaciones de grupos nacionales y extranjeros. En TV triunfan las series  Anillos de oro, MASH, Galactica y Fama y la producción propia Si yo fuera presidente dirigida por Fernando García Tola donde se dan a conocer Joaquin Sabina y Javier Krahe. En lo musical, David Bowie triunfa con Let´s Dance, Culture Club con Karma Chameleon, Bob Dyan con Infidels, Serrat con Cada loco con su tema y Alaska y Dinarama con el album Canciones Profanas. Se estrenan La fuerza del cariño, El regreso del Jedi, El sentido de la vida, El sur, El pico y Zelig. Mueren el pintor Joan Miró, el dramaturgo norteamericano Tenessee Williams,  el dibujante belga Hergé[3],  el cineasta Luis Buñuel,  el escritor José Bergamín y los cantantes Chabuca Granda, Jesús de la Rosa (Triana) y Eduardo Benavente (Parálisis Permanente). El año termina con el accidente aéreo en Barajas en el que mueren 183 personas, el secuestro Segundo Marei con el que comienzan las actividades del GAL y el incendio en la discoteca Alcalá 20.

            Y el martes 18 de enero de ese convulso año de 1983, a las nueve menos cuarto de la noche comenzaba en la Segunda Cadena una nueva serie de la productora británica Granada TV, Retorno a Brideshead.  La serie constó de 11 episodios  que se emitieron desde ese día hasta el 29 de marzo[4]. El episodio inicial y el último tenían una duración superior (1 hora y 40 minutos) y los demás duraban algo menos de una hora. La serie era una adaptación de la novela homónima del escritor católico Evelyn Waugh,  y resalto lo de católico porque esta circunstancia es una de las claves que fundamentan su obra, como pasa también con otros escritores británicos coetáneos como Chesterton, Graham Greene o Tolkien.  Los directores fueron Charles Sturridge y Michel Lindsay-Hogg y el reparto iba desde las jóvenes promesas  Jeremy Irons,  Anthony Andrews, Diana Quick o  Nickolas Grace[5] a unos veteranos John Gielgud o Laurence Olivier. 

            Una de las marcas de identidad de la serie, y que funciona a modo de magdalena proustiana, fue la acertada banda sonora compuesta por Geoffrey Burgon. Sobre todo los vientos en el conocido "Brideshead Theme" que sonaba en la elegante cabecera, en la que sobre un fondo negro aparecía el reparto y el título de episodio. Una voz en off que luego sabremos que pertenece al personaje de Charles Ryder  acaba enunciando  el título de la serie y el del capítulo correspondiente[6].



            En su primera emisión, y pese a contar con un presupuesto millonario para la época, estar rodada en formato de película, poseer una factura impecable y venir avalada por la crítica internacional, la serie pasó casi desapercibida. Afortunadamente,  quizás por los Premios que recibió[7], TVE volvió a reponerla en el otoño del año siguiente, esta vez en la Primera Cadena, los viernes y en horario prime time

            Posiblemente los capítulos que más veces he visionado sean los dos primeros, donde Charles Ryder rememora aquellos días de juventud impregnados de un resplandor mágico y rosado. Los tenía grabados en una cinta casera de VHS.  Los veía muy a menudo hasta que la deteriorada cinta acabó por romperse una tarde de Nochevieja de principios de los noventa. La imagen moviéndose arriba y abajo, el ruido de la cinta al engancharse en los cabezales del reproductor y el salto que pegué desde el sillón para pulsar el botón "Eject"  fueron todo uno, pero la cinta no pudo salvarse.  Durante años me tuve que conformar sólo con la novela y la impronta de aquellas imágenes. Hoy la situación es bien diferente. La serie cuenta con varias ediciones en DVD y en formato Blu-Ray. Incluso es posible visionarla por capítulos en Youtube, en versión original y también doblada en castellano, con una calidad de imagen que supera en mucho a la del televisor de la época o a la de aquella vieja cinta de video. 

            Esta quiero que sea  la introducción a una serie de artículos en los que hablar de Retorno a Brideshead a través de la doble vertiente literaria y fílmica; y donde también tengan cabida las reflexiones personales que ello me suscite. Hace años escribí un poema con el título "Et in Arcadia ego"[8] que comenzaba diciendo: "A menudo hablamos de Charles y Sebastian...".  La utilización del plural no es baladí, hace referencia a un compañero de viaje durante los últimos 30 años, mi querido amigo Jesús Zomeño, con quien tanto quiero. Casi invariablemente, cuando nos vemos, surge algún tema relacionado con "Brideshead" y tirando del hilo, frente a sendas copas de vino y algo para picar, volvemos a rememorar el pasado o a comentar los entresijos de la serie. No en vano, Retorno a Brideshead forma parte de nuestra biografía y es un microcosmos, una historia poliédrica que se enriquece ante cualquier nueva lectura. Ha sido siempre una referencia constante; cualquier escena, cualquier mínimo detalle como la posición de la mano de Charles en la balaustrada al subir unas escaleras, objeto de comentario.  

            Al principio decía que, sin Retorno a Brideshead mi vida hubiera sido distinta. También puedo decir, sin temor a equivocarme, que sin Jesús nada hubiera sido igual. Así que a él va dedicada este serie de artículos a la que he dado en llamar, en entonado juego metaliterario, "Revisitando Brideshead" .




Juan Lozano Felices




[1] Tengo ante mí la primera edición en la colección Andanzas, de Tusquets,  y es de 1987. Anteriormente, sólo me consta una edición en la desaparecida Argos Vergara, de 1982. La serie aún no había sido emitida en España.
[2] Como dato significativo, Paloma Chamorro fue procesada por ofensas contra la religión como consecuencia de la querella presentada por el abogado burgalés Juan Riu Izquierdo, por el programa de La edad de oro emitido el 16 de octubre de 1984 en el que aparecía un crucifijo rematado por la cabeza de un cerdo. La resolución declaraba a TVE responsable civil subsidiaria. Posteriormente la periodista sería absuelta por la Audiencia Provincial de Madrid.
[3] Creador de Tintín.
[4] En el Reino Unido, la emisión de la serie tuvo lugar entre el 12 de octubre y el  22 de diciembre de 1981.
[5] Lorca en la serie de Juan Antonio Bardem.
[6] Otra cabecera inolvidable era la de la serie de la BBC "Yo, Claudio", con el sinuoso avance de la serpiente sobre un mosaico, con la música de Wilfred Josephs de fondo.
[7] Dos Globos de Oro en 1982 a la mejor serie de televisión y al mejor actor (Andrews) , además de siete Premios BAFTA y un EMMY a Olivier como mejor actor secundario.
[8] El poema lo incorporé a mi libro "Soliloquio del auriga" (Ed. Falsirena, 2013, Ávila).