domingo, 27 de septiembre de 2015

RECOMENDACIÓN 39: EL CLUB DE LA LUCHA.


EL CLUB DE LA LUCHA




La primera novela publicada de
 Palahniuk nos narra en primera persona la vida de un protagonista cuyo nombre desconocemos. Este hombre es el reflejo de la sociedad de su tiempo. Es un hijo de la generación X que ha crecido en un mundo prefabricado donde todos los comercios son franquicias, hay un Starbucks en cada esquina  y la publicidad invade  espacios públicos y privados. Este hombre no ha tenido ninguna experiencia real en este mundo civilizado. No ha combatido en ninguna guerra y todo lo que hace es antinatural. Después de dar muchos tumbos para encontrar su lugar en el mundo, consigue realizarse cuando conoce a Tyler Durden y forman un club muy especial: El Club de la lucha.

sábado, 19 de septiembre de 2015

RECOMENDACIÓ 38: LA REINA DE ÁFRICA.


LA REINA DE ÁFRICA




 Pasaría más tiempo con mis hijos; ganaría el dinero antes de gastármelo; aprendería los placeres del vino en lugar de los de las bebidas fuertes; no fumaría cuando tuviera pulmonía y no me casaría por quinta vez.
John Huston


Cecil Scott Forester fue un novelista histórico, periodista, biógrafo y guionista británico. Nació en El Cairo en 1899. Sus principales obras las conocemos, ante todo, por el cine.  Forester es autor de una serie de novelas sobre el marino Horatio Homblower, combatiente en las Guerras Napoleónicas, una de las cuales, El Hidalgo de los mares, fue llevada al cine e interpretada por Gregory Peck.

Hoy me centraré en La Reina de África (1935).  A pesar de que el esquema de las novelas de Forester suele ser bastante repetitivo, el egipcio sabe conjugar muy bien los datos ficticios con los reales. Sin embargo, al parecer, la novela La Reina de África tiene dos finales distintos: uno para la edición americana y otro para la inglesa. El motivo lo desconozco, pero al parecer ninguno de los dos finales le satisfizo. Tampoco al director de la película Huston ni al guionista James Agee, por lo que optaron por un final feliz.
La Reina de África es todo un clásico que se ganó estar entre las novelas de aventuras o en la historia dorada del cine.  El ritmo es trepidante, tanto en la lectura como en la película.

La cinta fue dirigida por John Huston (1951). Obtuvo tres nominaciones: al mejor director (Huston), mejor actriz principal (Hepburn) y al mejor guión (James Agee), pero la estatuilla se la llevó Bogart, como mejor actor principal. Sería el único Óscar en su trayectoria cinematográfica, con un papel muy distinto a los que solía interpretar (gánster o detectives privados).


Personalmente, pienso que es una película de obligado visionado para todos los amantes de las aventuras. Es de las llamadas de “primera clase”. La historia comienza en Uganda, allá por el año 1914. En Europa ha estallado la Primera Guerra Mundial.  Los alemanes han destruido la misión metodista de Rose Sayer (Katharine Hepburn) y han asesinado a Samuel Sayer, reverendo de la misión y hermano de Rose.
Ésta no tiene otra solución que escapar con Charlie Allnut (Humphrey Bogart). Charlie es un marinero maduro, fumador empedernido y alcohólico que abastece los poblados del este de África con un pequeño barco al que bautizó con el nombre de “La Reina de África”. 

El viaje es muy peligroso y lleno de riegos a los que hay que sumarle las disputas entre la pareja protagonista, de muy opuestos caracteres.  Rose es una solterona estirada y muy creyente. Charlie es un borracho fracasado, y ambos deben convivir en una barcaza ruinosa, pero capaz de hacer cosas increíbles y en circunstancias muy extremas.  La barca en cuestión es la tercera protagonista del film. Siempre averiada y en la que se viven riesgos, enfados monumentales, risas y, también, amor e intimidad.

Al inicio de la película observamos a un Charlie que sólo bebe alcohol y a una Rose que sigue el ritual de preparar el té. Sin embargo, a lo largo del recorrido por el río, que está plagado de sorpresas (enemigos alemanes, mosquitos enormes, sanguijuelas, cocodrilos, rápidos y cascadas), Rose se vuelve menos intransigente con el alcohol, pues acaba pidiéndole perdón por tirarle las botellas por la borda.  
Al principio de la aventura, Charlie sólo quiere ponerse a salvo de los alemanes, pero finalmente es convencido por Rose para atravesar el río hasta la desembocadura en el lago Victoria, con el objetivo de hundir un gran vapor alemán, con el que los germanos controlan la zona africana.

Finalmente llegan al lago donde se encuentra anclada la patrullera “Louisa”. Allnut dispone de unos torpedos en su lancha, pero tanto él como Rose son capturados antes de que puedan llevar a cabo su ataque. Condenados a morir ahorcados, piden como última voluntad que se les permita contraer matrimonio. Entretanto, el “Louisa” se va deslizando por el agua hasta colisionar con los restos de “La reina de África” y saltar en pedazos. Los dos prisioneros salen despedidos y caen al agua, libres de todo peligro.

En un principio el film fue encargado a Howard Hawks, pero éste rechazó el proyecto. El encargado de dirigirla fue John Huston, que logró convertir una novela trágica en una película divertida llena de acción, humor y romance.  Rodó en exteriores, cosa que por aquella época no era muy habitual (1950).  El director estaba convencido de que el rodaje en localizaciones reales y remontando 1500 kilómetros de río era la única forma de hacer creíble su historia. Su estancia en África fue aprovechada para cazar, sobre todo ansiaba abatir a un elefante blanco. Más tarde, esta historia de los elefantes la aprovechó Clint Eastwood para rodar Cazador blanco, corazón negro.

En el guión de la película participaron Huston y James Agee (poeta, novelista y crítico de cine). Agee sufrió un infarto y no pudo ir a África- También participó Peter Viertel, pero no apareció en los créditos pues abandonó el rodaje al estar exasperado con los actos de Huston.


Y en el reparto, la friolera de Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Robert Morley, Peter Bull y Teodore Bikel. Huston reunía, por vez primera, a dos “grandes” del celuloide como eran Bogart y Hepburn, quienes nos hicieron disfrutar de un duelo interpretativo maravilloso.  La química que hubo entre ellos fue clave para el éxito de la película. Bogart acabó admirando a su compañera de rodaje por el buen humor que irradiaba siempre aunque estuviera llena de hormigas: “¿Cómo es posible que esta mujer aguante, si tiene hormigas hasta en las bragas?”, decía el actor.

Creo que el anecdotario de la película es de los más extensos en los rodajes de Hollywood debido a las numerosas penalidades acaecidas. Rodaron durante 9 semanas en el Congo Belga y Uganda, pues en Kenia no les dejaron entrar con armas. Imagino que Huston pensó que si los actores sufrían tanto como los protagonistas sería mucho más creíble la historia. Casi todo el equipo de rodaje cayó enfermo de disentería y malaria, menos Huston y Bogart, que nunca bebieron agua, sólo el whisky que llevaron.

Hubo incidentes con serpientes venenosas y animales salvajes. No faltaron las lluvias torrenciales, invasión de hormigas soldado, avispas negras y mosquitos gigantes. La escenas dentro del agua tuvieron que rodarse en un enorme tanque de unos estudios británicos, pues el agua del río estaba infectada de esquitosomas (parásitos que se introducen en el sistema venoso y las discapacidades que producen pueden llegar hasta causar la muerte).

El calor y la humedad eran insoportables, de hecho los técnicos tenían que enterrar las latas con la película filmada en fosas bajo tierra para evitar que el sol y la humedad las destruyera. También llegó a hundirse la embarcación en pleno rodaje y tuvieron que sacarla con cuerdas entre todos los que formaban el equipo.

En una de las escenas de la película, las sanguijuelas debían cubrir el pecho de Bogart, eran falsas, pero Huston le hizo creer que eran de verdad debido a un error del encargado de los efectos especiales. El actor, horrorizado, rodó muy deprisa la escena con gestos de repugnancia, dato que aprovechó Huston para darle más credibilidad a la escena.
John Huston llamó a Bogart para ofrecerle el papel, éste le dijo a Lauren Bacall (su esposa por entonces y a la que se llevó al rodaje) que:” El Monstruo (Huston) quiere que vaya a rodar en plena selva africana, con cuarenta grados a la sombra, en una aldea plagada de mosquitos y rodeada de animales salvajes. Naturalmente, he aceptado”. Y es que Bogart decía del director con el que trabajó en El halcón Maltés" que era la única persona capaz de beber más whisky que él en una sola tarde.  ¡Dios la cría y ellos se juntan!

Dicen que Katharine Hepburn era una fanática de la higiene y al enterarse que iba a África, durante el rodaje revisaba a los miembros del equipo por si habían cogido piojos. Bogart y Huston no cesaban de gastarle bromas por ese motivo de la higiene.



Quizás lo peor de la película fueron los efectos especiales, algunos bastante malos (que tener en cuenta que estaban en el año 1950), pero resulta una magnífica obra que debemos revisitar.


Águeda Conesa



domingo, 13 de septiembre de 2015

RECOMENDACIÓN 37: THE ROAD.


THE ROAD



Lo confieso.
Soy súper fan de las películas apocalípticas, de los zombis y de las historias donde el mundo parece terminarse con un mega cataclismo que no nos esperábamos. Me gustan los relatos fílmicos donde la tierra está desolada, seca, muerta, y los supervivientes luchan contra viento y marea para no morir de hambre. No es necesaria la sangre; no hace falta para crear el terror si la historia es buena. Un volcán, un terremoto, un meteorito que –qué casualidad- nos cae encima, un virus que mata, un ataque zombi. Me encantan.

Comencé a leer THE ROAD, de Cormac McCarthy, hace unos cuatro años; sé que era invierno, porque me recuerdo leyéndolo junto a la chimenea muerta de frío (no el real, sino el literario). Tuve que dejar de leerlo. Y no fue sólo por el frío, sino porque pensé que me iba a morir de pena, de desolación (algo así me pasó con LA CEGUERA, de Saramago, pero esa sí la terminé). Me invadió tal sensación de angustia que no terminé el libro, y no es algo que me califique precisamente (aunque, viendo cómo está el mundo, tampoco pasa nada si uno no acaba un libro; no estamos para perder el tiempo).



Lo cierto es que me enganchó mucho, y a veces se me pasa por la cabeza la idea de retomarlo, pero es de los pocos relatos que ciertamente me han dejado k.o., sin ganas de continuar una línea más. Dos terceras partes las devoré, pero con esa angustia de los niños cuando no les gusta el plato.

La novela ganó el Pulitzer en 2007, y cuenta la historia de un padre que viaja junto a su hijo camino de la costa en un mundo desolado, sin vegetación, donde reina el desamparo, la soledad, la oscuridad más terrorífica. ¿Qué ha pasado? No se sabe. Juntos, con un mapa y apenas cuatro trapos y algunas latas, emprenden el camino a la costa en busca de vida, de futuro.

En 2009, y para grata sorpresa mía, aparece la adaptación cinematográfica, dirigida por John Hillcoat y escrita por Joe Penhall, con un magnífico Viggo Mortensen y un pequeño Kodi Smit-McPhee (que luego aparecería, por cierto en la estupenda DÉJAME ENTRAR). El mismo paisaje: oscuridad, desierto, muerte, soledad, silencio, frío. Pero me animé a verla, porque al fin y al cabo eran dos horas de padecimiento… Podría aguantarlo.

Salvo el final –del que no puedo hablar por desconocimiento- la película sigue la historia del libro sin apenas diferencias. El mundo es un auténtico páramo por algo que no se sabe, y ese padre sin nombre se encamina con su cachorro a la costa en busca de un futuro mejor (o al menos, un futuro). En su ruta, tendrán que ir sorteando los peligros que acechan, ya no sólo la posibilidad de morir de hambre o de frío, sino incluso ser devorados por los caníbales.

Al mismo tiempo, el viaje de ambos se convierte en un viaje iniciático, un curso intensivo del padre al hijo para enseñarle todo lo que debe saber para sobrevivir si él no está. La sociedad ya no es la de antes, y los valores que antes regían el mundo han dejado de existir. El padre es todo un momento la imagen de la cordura, la representación del anhelo por sobrevivir, por encontrar una salida y no tirar la toalla. El hijo es, sin duda, la imagen de la esperanza: el futuro que le espera al ser humano pese al estado catatónico del mundo.



Esto es normal en este tipo de películas: una embarazada, un niño, o incluso un perro que ladra en alguna parte, o una planta que comienza a crecer y recibe unos leves rayos de sol. Siempre, por muy apocalíptica que sea la historia, hay esperanza, hay una muestra de que no todo está perdido. Y es el niño el que se encarga de recordarlo en varios momentos del viaje: cuando se encuentran con el anciano temeroso, o cuando aquel hombre les atraca. Siempre el padre será la cordura, casi la psicosis por sobrevivir, que no cede en nada y casi ha perdido la fe en el ser humano; y el niño será el otro lado de la moneda: la inocencia, la pureza, el que cree que la humanidad no está perdida.

Entre las críticas, me quedo con la de Tom Chiarella de Esquire, que la calificó como "una brillante adaptación de una aclamada novela, una mirada anacrónica a la presuntuosidad y la rudeza de nosotros mismos. Quieres que lleguen, quieres que lleguen, quieres que lleguen... y sin embargo al final no quieres que acabe".

La novela, como la película, está llena de silencios que acentúan esa sensación de desamparo y desierto. Otro elemento fundamental de la historia son los sueños, esos flashbacks del padre sobre un pasado más hermoso con la madre del niño (a la que por cierto se le da más protagonismo en la película que en el libro). Todo ello hace que nos preguntemos en cada momento qué ha pasado, hasta que cedes ante la prosa de McCarthy: no importa qué pasó realmente. Lo fundamental es la lucha del bien y del mal, de la cordura del ser humano que mantiene sus valores, opuesta a ese salvajismo de los caníbales, hombres que han decidido sobrevivir a su manera, traspasando los límites de la naturaleza.



De este tipo de relatos, quizá THE ROAD se ha convertido en uno de mis favoritos, y no sólo por lograr trasmitirme esa sensación casi real de angustia, sino por todo el debate social y de valores que conlleva. La lucha del bien contra el mal (o al revés) en un mundo destrozado y sin apenas esperanza, donde se han perdido los valores, donde el ser humano ya no es el que era. 

Al final , si lo pensamos bien, no es distinto de lo que pasa hoy. Sólo falta el perro que ladra a lo lejos.


 Noelia Illán


domingo, 6 de septiembre de 2015

RECOMENDACIÓN 36: GOTHAM, SERIE BASADA EN EL UNIVERSO BATMAN


Como ocurre con Jesucristo, poco se sabe de la infancia de Bruce Waine (la comparación es curiosa, pero bastante acertada). ¿Qué ocurrió con el pequeño heredero desde que un bandido matara a sus padres y hasta convertirse en el murciélago justiciero? Y más allá, ¿Cómo urdieron los malvados a los que se enfrenta sus planes para dominar Gotham y el mundo?

Gotham trata de responder a esos interrogantes a través de la figura de Jim Gordon, el policía al que Batman acude con asiduidad, su cómplice en el lado de la ley, protagoniza esta serie de FOX, que ya cuenta con una primera temporada completa y que cumple, con éxito, la función de introducir al público en el universo de la Gotham pre-murciélago.

Jim Gordon llega a la ciudad con ganas de convertirla en un lugar mejor. Pronto se da cuenta de que Gotham es un organismo corrupto en el que todos los engranajes (maleantes de la más baja estofa, grandes mafiosos, policías y políticos) están conectados y fluyen en una misma dirección. Algo que el policía se propondrá cambiar con mano firme.
El proyecto televisivo no es más que una serie de policías al uso, con el aliciente de que los locos que cometen las barbaridades son El Pingüino o El Espantapájaros. Personajes, por otro lado, mucho menos caricaturizados que en cualquier de las películas de Batman (Sí, incluyendo las de Bale, aunque el perfil de todos los personajes en esta trilogía son mucho más realistas). La serie, que juega con las tramas de capítulo sustentadas con una gran historia general que lo envuelve todo, muestra la parte más humana de buenos y malos y justifica, vaya si lo hace, el proceso de transformación de personajes como El Pingüino, una de las mejores interpretaciones de la ficción.

Destaca también el papel de Alfred, el mayordomo fiel de la familia Bruce. Él, que siempre ha tenido un papel llamativo, pero discreto en las películas, toma aquí especial protagonismo y se presenta como mentor del joven Bruce. Otro destacado personaje es el compañero de Gordon en la policía: Harvey Bullock es un policía de los de la vieja escuela. Con procedimientos más cercanos a los de los sicarios, pero con un buen corazón. La evolución de este personaje durante la primera temporada también se queda guardada en la retina.

Gotham es una ficción muy digna, una serie que, de tener largo recorrido, aportará un valor añadido a los seguidores del murciélago. ¡Vamos, Jim Gordon, hay un par de malos ocultos en la noche!
Daniel J. Rodríguez