domingo, 17 de abril de 2016

RECOMENDACIÓN 64: STOKER



Seré franca: no me suele pasar esto con todas las películas, pero ésta tuve que verla tres veces seguidas. Se trata de una película quizá más de forma que de fondo, pero me produjo tal placer visual que la tuve casi en bucle en la cabeza durante varios días. No adelantaré nada hasta no contar un poco de qué va la cosa.

La historia es sencilla -y no cometamos spoiler-: India Stoker pierde el mismo día de su dieciocho cumpleaños a su padre, Richard, que no sólo era un padre que la adoraba sino que también era (y eso lo intuye uno por los comentarios de una siniestra madre interpretada por Nicole Kidman) su mejor amigo. O quizá el único, porque India es la rara del instituto, introvertida, tímida, silenciosa. Y es durante el funeral de su padre cuando aparece un personaje extraño al que no conocen, salvo por alguna referencia, ni madre ni hija: el tío Charlie, hermano del difunto, que se quedará a pasar unos días con ellas en la maravillosa mansión -con mejores jardines- de la familia. Y ahí empieza la historia: la llegada de un joven apuesto, educado, rico, que ha viajado durante años por el mundo, dispuesto a ayudarlas en las tareas del hogar…, algo que no hace más que llenar de desconfianza a la joven India. ¿Qué esconde el tío Charlie?

Y lo excelente, como digo, del filme no sea quizá la historia (aunque cierto es que está llena de un erotismo delicadísimo muy bien tratado), sino ese enfoque que le da el que fuera director de Old Boy, Chan-Wook Park. Del guión, además, es responsable Wentworth Miller (guionista de Prison Break, pero esta vez bajo el seudónimo Ted Foulke), que convierte en tela de araña una historia aparentemente sencilla.El tratamiento de los personajes es exquisito, especialmente los tres principales (madre, tío, hija), y las transiciones entre el pasado y el presente se convierten en auténticas obras de arte, tanto por la música como por los elementos que funcionan como una guía de esos cambios temporales: el cinturón o las gafas de sol de Richard, el piano, los zapatos de India…

Del mismo modo, el color juega un papel especial, desde el verde de las paredes del salón (como los ojos de India), hasta el intenso rojo de la habitación de una viuda, Evelyn, que está totalmente prendada del tío Charlie. Hay una soledad y un aire macabro que invaden las escenas a lo largo de toda la película, pese a que la mayoría de las secuencias sea de día y en una casa donde a todos nos encantaría vivir: un paisaje tranquilo, casi idílico. Una tristeza macabra, diría yo, decorada de verdes, amarillos y rojos.
La sangre está, pero cada escena explícita está totalmente justificada, rodeada de un halo de misterio más que de búsqueda de lo llamativo. No estamos ante una película de Tarantino, claro. 

Cuando vi la carátula del dvd en la revista Fotogramas (con ese verde, con la base de un piano en primer plano, con los cuerpos sin rostro de dos adultos a la espalda de la joven…) no tardé en hacerle una foto con el móvil para recordarla: STOKER. Me llevó, claro, directamente al Drácula de Coppola (¿a quién no?), pero pensé que sería una estupidez. ¿Qué tendría que ver una cosa con otra? Pues bien: en mi obsesión por la película -banda sonora incluida- acabo entrando en una página web en inglés donde cuenta el guionista Miller que sí se inspiró en el vampiro más vampiro de todos los tiempos, y concretamente en el Drácula de Bram Stoker, de Coppola.
Pensemos en lo enigmático de ese tío Charlie que recuerda al Conde, llegando a Londres y siendo objeto de deseo de la joven Mina Harker, por ejemplo. Un personaje opaco que esconde un secreto, un tipo culto, atractivo, que hace las delicias de una muchacha tímida.



Reconoció el mismo Wentworth en una entrevista que efectivamente se inspiró en la película de Coppola, y ya el título mismo es un guiño a una de sus novelas favoritas: “La historia de Drácula es realmente, bajo mi interpretación, una historia sobre alguien que a través del tiempo busca el amor, solo, como un marginado social. Drácula escoge a su amada y en el fondo hay una parte de nosotros que quiere que se reúnan. Es una tragedia donde el protagonista quiere entrar en esa sociedad y quiere ser entendido, conectar de alguna manera, con colmillos incluidos.” Toda esa mitología le inspiró para trazar la historia, aunque en un primer visionado cueste trabajo identificarla.
Las transiciones, como digo, resultan exquisitas: esos flash-backs que conectan con el pasado de India y de Charlie a través de la música o de los objetos, objetos banales que funcionan como hilos conductores de la historia y permiten cerrar la trama en una ring composition perfecta.

No es una historia de vampiros, ojo. Nadie chupa sangre, pero el suspense en ambas historias en el mismo: el individuo solitario que se alimenta del inocente (que quizá no lo es tanto, pero claro: prohibido el spoiler), un amor romántico a la par que gótico que viaja por el tiempo y el espacio para hacerse hueco en el mundo. Para verla, como digo, tres veces seguidas y seguir deleitándose con la fotografía, la música y el suspense de una familia donde todos esconden algo.

Y si quieren abrir boca, escuchen esto:





Noelia Illán


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