domingo, 8 de mayo de 2016

RECOMENDACIÓN 65: LA NARANJA MECÁNICA



Anthony Burguess escribe en 1962 un libro titulado “Clokwork orange”. Después de varias especulaciones sobre lo que quería decir este título, el propio Burguess ha explicado que proviene de un dicho de la región de Cockney que dice así: “As queer as a clockwork orange” (Tan raro como una naranja mecánica).


El libro trata sobre un futuro próximo en el que la violencia será habitual entre los grupos de jóvenes y las calles ya no son seguras. Nuestro protagonista es Alex DeLarge (El nombre es ya una irónica referencia a Alejandro Magno), el líder de la banda de amigos cuyo mayor entretenimiento es acudir al “moloko milk bar” a consumir leche cargada de sustancias estupefacientes para después practicar lo que ellos llaman “ultraviolencia”. El autor introduce gran cantidad de nuevos elementos para trasladarnos a este futuro próximo en el que las drogas tendrán la inofensiva apariencia de un vaso de leche. Entre estas innovaciones también está la característica vestimenta de los jóvenes y su jerga.

Uno de los elementos más característicos del libro es la implantación de todo un nuevo vocabulario de esta jerga llamada nadsat. Drugos (amigos), devotchka (muchacha) y tolchoco (golpe)  son palabras que surgen de otras palabras rusas o eslavas mezcladas con el inglés. Todas ellas de alguna manera intentan suavizar la dureza de lo que narran. Digo esto porque los libros, al no tener la repercusión que tienen las películas, se pueden permitir el lujo de ser más crudos y mostrarnos imágenes que en la gran pantalla serían impensables.





La feliz existencia de Alex llega a su fin cuando una noche es pillado infraganti en una de sus noches de “ultraviolencia” y al entrar en prisión decide someterse a un tratamiento que alterará su conducta violenta y  que le permitirá salir de la cárcel. El debate sobre este tipo de tratamientos es similar al que tenemos actualmente con cuestiones como la castración química para quienes cometan delitos sexuales; parece una solución, pero también implica una supresión del libre albedrío.

Burguess nunca estuvo especialmente orgulloso de este libro. Lo consideraba un libro moralista que tenía ciertos fines didácticos. Que se recortara el último capítulo en su edición americana y que esa fuera la edición que Kubrick decidió llevar al cine hicieron que esta novela se convirtiera en el peor enemigo del autor. En numerosas declaraciones intenta puntualizar el verdadero mensaje del libro.

«Me he pasado buena parte de mi vida haciendo declaraciones de intención y frustración mientras Kubrick y mi editor de Nueva York gozaban tranquilamente de la recompensa por su mala conducta...»

Seguramente Kubrik  desvirtuó el mensaje inicial del libro, pero consiguió crear una obra maestra que se ha vuelto todo un icono pop como el resto de sus películas. Seguramente, sin el trabajo de Kubrick, la novela nunca se habría hecho tan famosa. 


Kubrick consigue un gran contraste entre la violencia de la pantalla y la suavidad de la música de Beethoven o Rossini. La belleza de las imágenes hizo que se popularizaran rápidamente y seguramente es uno de los motivos por los que el mensaje original queda modificado. La pandilla de violentos jóvenes es muy carismática y sus vestimentas y estética no hacen otra cosa que persuadir al espectador, que termina desarrollando cierta simpatía por el protagonista. El final abierto parece indicar de manera tácita que la violencia de Alex no estaba tan mal. Otro elemento muy destacable del film es la estética basada en las nuevas tendencias Pop de los años 70, pero que todavía hoy continúa transmitiendo esa sensación de atemporalidad que toda obra de ciencia ficción busca.

La película levantó muchísima controversia desde su estreno y el hecho de que algunos jóvenes decidieran emular a los violentos protagonistas del film hizo que Kubrick censurase su propia obra en Inglaterra hasta el año 1999. Censura que también ayudo a hacer de la misma una obra de culto que todavía hoy sigue espeluznándonos y persuadiendo por igual.

Este rechazo del propio autor por su obra y posteriores adaptaciones es lo que hace interesante el contraste entre el libro y la película. Por ello recomiendo a la gran cantidad de seguidores de Kubrick y de La Naranja Mecánica, que se acerquen al libro y descubran la semilla de lo que fue una de las películas que más repercusión ha tenido en los últimos años. 



Samuel Jara.

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