domingo, 15 de mayo de 2016

RECOMENDACIÓN 67: CINE-POESÍA (Javier Vayá Albert)

  
CINE-POESÍA



El instrumento lingüístico sobre el cual se implanta el
cine es por tanto de tipo irracional: y esto explica la
profunda calidad onírica del cine, y también su absoluta
e imprescindible concreción.

Pier Paolo Pasolini



Resulta obvia la íntima relación entre el cine y la literatura y, concretamente entre cine y poesía. No solo en casos evidentes como el cine poético de Pasolini o Cocteau, o en la poesía llevada directamente al cine (Hiroshima mon amour, El lado oscuro del corazón) sino también en películas a priori alejadas de cualquier destello poético.

Al menos así es como yo lo siento. Como poeta y cinéfilo (o cinéfago, jamás entendí la diferencia) empedernido he tratado de plasmar en una serie de poemas tal impresión. Cuando escribo poesía la inspiración suele asaltarme desde cualquier punto; una conversación escuchada en el Metro, una escena a la que asisto casualmente en la calle o una frase dicha por un amigo o leída en un libro, cualquier cosa aleatoria que dispare una sensación, una idea que puede o no llevarme a la propia experiencia.

Cuando devoro cine encuentro pura poesía en Rick dejando marchar a Ilsa, en el Grupo Salvaje regresando a por el chico, e incluso en Jack Torrance persiguiendo a Wendy por todo el hotel Overlook.

A veces es la película entera, a veces una escena, un plano o un diálogo concreto. En definitiva estos poemas que conforman Cinepoesía y que alguna vez quisieron ser libro son tan solo un intento de retener esas emociones que el buen cine deja en el buen espectador disfrazadas de coartada poética.



                                                 Javier Vayá Albert




Al este del Edén

Papá;
dicen que exagero demasiado.
Siempre entendí que tu cariño
estaría encerrado en un fajo de billetes.

Papá;
se que existe algo malo y roto
aquí dentro.
Algunos nacimos con la marca en la frente
 y la quijada asesina en la mano.
Deambulamos tormentas entre el polvo.


Papá;
prefiero arder a vuestra bondad.
Me hubiese gustado explicarte
que el único momento de algo parecido a la felicidad
tuvo la coincidencia de sus labios en los míos.
Cuando la noche fue noria y vértigo sin altura.

Papá;
mi hermano no quiso decirle hola a mamá.
No pareció entender que todos somos hijos de puta.

Papá;
mentimos a todos los espectadores.
La película no termina así.
Toda rebeldía implica causa
y esto acaba conmigo riéndome desde el infierno
cuando tú seas diminuto
y yo me haya convertido en Gigante.


Apocalipse Now

El apocalipsis es aquí y ahora
— y el horror, el horror—
tiene múltiples formas cotidianas;
las aspas de un ventilador
en una sucia habitación de Saigón.
Las medallas en la solapa del general,
la danza letal de las valkirias,
una serpiente líquida plateada e infinita
adentrándose sibilina entre la jungla.
Un disparo directo al corazón de las tinieblas.
Un machete cercenando la calva cabeza
del dios loco padre.
Niezstche y Freud ebrios de absenta
escribiendo folletos para agencias de viajes.
Vinimos a traerles un pedacito de infierno.
Líderes apuestos del mundo libre y correcto.
Y nos fue devuelto multiplicado.
El modo de vida americano reflejado
en la dignidad demoledora
 de unos ojos rasgados.


Una mujer bajo la influencia

Una mujer bajo la influencia
de las alas de cisne cercenadas
en el jardín trasero entre guirnaldas.
     —otra mujer loca—
Entrando sola a los bares oscuros.
Atrapada entre barrotes de fregadero.
Presa ante el abrazo harapiento
del Coloso enano de palabras de cerveza.
Una mujer bajo la influencia
de mujeres-hombre exigiendo
normalidad sobre el tapete extendido.
Y el amor como infección reptante
entre las venas de hospital
de mugre en la cocina sin arañar,
de la progenie salvaje desconcertada.
Una mujer bajo la influencia
brutal cotidiana aniquiladora.
Otra anomalía en el sistema
cuerdamente masculino.


Grupo Salvaje

Devoran las botas el polvo al regresar.
Jamás pesaron tanto como ahora
que cada paso es un anticipo de tumba.
En algún sitio niños desarrapados
juegan a torturar a un escorpión acorralado
por hormigas ignorantes de su destino de fuego.
La golondrina cantaron los campesinos mexicanos.
Se ríen ante la posibilidad de convertirse en héroes
                 —a estas alturas—
Ni tan siquiera están seguros de que para ellos
quede alguna migaja de eso llamado redención.
Las almas que enviaron con su creador
se reúnen a verlos frotándose las manos.
¿Por qué no? se dijeron hace un rato.
Apología de la lírica de la suciedad,
poética y romanticismo del fango.
El sol vierte con ironía justiciera sus rayos.
El aire seco sabe a pólvora de antemano.
Cuatro ángeles sanguinarios de mugrientas alas.
Al fin y al cabo ya no hay lugar al que huir,
este mundo nuevo ya hace que les ha derrotado
y el tequila se niega a ahogar la conciencia.
Al fin y al cabo el chico era el mejor de todos ellos.
Caminan en silencio cada uno con su propio infierno
solo los buitres aplaudirán su gran gesto,
el crepúsculo de este acto invisible a destiempo.
Sin embargo caminan orgullosos y dispuestos
a albergar en su cuerpo al menos cinco balas
por cada diez que disparen ellos.


Drácula, de Bram Stocker

Regresa amado príncipe
antes que los océanos de tiempo
queden yermos y secos eternamente.
Pues la eternidad no es tiempo sino condena
y ahora soy yo la condenada a tu ausencia.
A vivir los días baldíos de los hombres.
Yo que di los míos por beber tu herida.
Yo que adoraba ser tu alimento.
Yo que lamí gustosa tu monstruosidad.
La lanza en tu costado de cristo deformado.
Que te amé rata murciélago lobo asesino.
Regresa amado príncipe
antes que perezca de sed lasciva.
Desprotégeme de esta muerte en vida
desentiérrame de esta vida sin tu muerte.
Dame de beber del rojo cáliz de tu boca,
clava tu estaca en lo más profundo de mi ser
hasta hacerme resucitar mil veces.


Blade Runner

No importa
la cacareada elevación del alma humana
reducida a la más mínima expresión
vapuleada por un simple unicornio de origami
mi condición de cazador en tóxicas calles
a través de las ruinas de rígida oscuridad
 de nuestra civilización
tan solo violentadas por la sordidez del neón
bajo el cadáver putrefacto de un cielo demolido
apenas visible entre mastodónticos templos
erigidos por inéditas religiones para dioses
tan cobardes como aquel del que heredamos
el trabajo sucio de cada día a imagen y semejanza
no importa
si yo también soy lo que persigo y debo destruir
si me convierto en presa fugitiva de mí mismo
si la memoria es tan fiable como aquella serpiente
fingiendo ser collar derramándose en el escote
de quien aceptó la manera más hermosa de morir
como amargo premio por el pecado de su vida
si la fragilidad de navaja de nuestros recuerdos
dibuja una cicatriz improbablemente dorada
que asoma fugaz y caprichosa en tu mirada
no importa
la criatura superando a su creador
con la ofrenda de su cráneo destrozado
el paraíso perdido encontrado en azoteas
la compasión del monstruo ante su espejo
los versos de lágrima del poeta metálico
devorados por la indolencia brutal de la lluvia
la grandeza efímera y mortal del perfecto instante
las ajadas fotos de piel polilla sobre el piano
nada de esto importa
si te sueltas el pelo y revelas lo único sagrado
si seas lo que seas lo seré contigo
si seremos juntos durante un segundo eterno
lo que demonios sea que seamos.


Los amantes del Pont-Neuf

Andábamos tan rotos
que solo pudimos encontrarnos.
Sombras despojadas
de luz en la ciudad de la luz.

Pertenecíamos al desarrapado ejército
invisible del hambre,
suciedad bajo la alfombra
no apta para los paquetes turísticos.

Fundamos una patria propia
entre dos farolas.
Un íntimo universo de escombros.
El amor en una cama de piedra
centenaria.

Coreografías desquiciadas y ebrias
bajo el cielo jubiloso de los otros
sobre el río de los suicidas.
Guardando siempre una bala
para la fortuna.

Tú temías ser devorada por la oscuridad
y yo que la claridad te apartara de mí.
Podías enseñarme a dormir
pero nadie puede enseñarme a olvidar.

Tracé versos de hermoso fuego
sobre tu rostro de papel.
Amenacé de muerte a la música
que podría salvarte.

Algo no funciona del todo bien
en mi interior.
Pero si me acompañas
en este último salto
siempre habrá una barcaza
dispuesta a rescatarnos
de nosotros mismos.


Lo que el viento se llevó

Para Escarlata


Simplemente querido,
me importa un bledo
lo que te importe.
Yo conozco el sabor de la tierra 
árida de mis antepasados
he bailado el luto de la hipocresía
he sido libre entre esclavas
he puesto a Dios por testigo
y como juez al diablo.
He sido diosa con jirones de cortina
el deseo oculto, la tormenta
en la mirada de cada hombre.
La vida está llena de Melanias
no te resultará difícil encontrar una de ellas.
Yo sé que después de todo
brillaré con más poder que el sol
mañana, cuando sea otro día.


El luchador


Esto no es mucho,
lo sé
más bien casi nada.
Pero no hay otra cosa
que sepa hacer.
Sé lo que parezco;
un dinosaurio renqueante
caminando con un exoesqueleto
de recuerdos baratos
un mapa de cicatrices itinerante
un monstruo ridículo y anacrónico.
Me he levantado tantas veces
que no puedo volver a hacerlo
al fin y al cabo lo dijo un poeta:
"la caída es tan solo la ascensión
hacia lo hondo"
y yo acepto mi destino de Ícaro deforme.
Te dirán que perdí de nuevo
que el desastre y la derrota
eran mis señas de identidad,
no les creas,
al menos no del todo.
Cuando veas que inicio mi último salto
sabrás que para algunos como yo
la victoria consiste en habitar los márgenes
y residir en los precipicios.





Javier Vayá Albert (Valencia, 1973) es poeta, escritor y blogger aunque ha desempeñado diversos trabajos ajenos al mundo de la literatura. Apasionado del mundo del cine ha colaborado escribiendo sobre el séptimo arte y literatura en diversos medios digitales como Cinetelia, Papel de periódico, Achtungmag, La huella digital, Astrolabium o Entre Tanto Magazine.

Desde el 2009 administra el blog Actos invisibles en el que publica relatos, poemas y reflexiones personales. Su cuento “La fuerza de la costumbre” fue uno de los ganadores del concurso “Ciudad Mínima” y forma parte de la antología del mismo nombre coordinada por Alberto Chimal, Adelaida Míjar y Andrés Neuman. Ha participado en antologías como Vinalia Trippers o Buffet Libre, del colectivo Valencia Escribe.


Suele recitar sus poemas por los locales de la ciudad y participa asiduamente en eventos como Slam Valencia o Vivir en verso. Es autor del libro de relatos y poemas El peso de lo invisible (Ed Alacena Roja, 2014).

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