domingo, 23 de octubre de 2016

RECOMENDACIÓN 80: MAGICAL GIRL

MAGICAL GIRL: 
Se rompió todo




Luego fue verdad, no sueño;
y si fue verdad, que es otra
confusión y no menor,
¿cómo mi vida le nombra
sueño? Pues ¿tan parecidas
a los sueños son las glorias
que las verdaderas son
tenidas por mentirosas,
y las fingidas por ciertas?

Calderón de la Barca, La vida es sueño



Carlos Vermut nos empuja en Magical Girl (2014), su segunda película, a la oscuridad de los pozos. La desazón a la que no se puede escapar, que corroe y te inquieta, y te revela que no existe ninguna seguridad, que las fronteras entre el Bien y el Mal tan solo penden de una voluble decisión. Y todo ello, no envuelto en Surrealismo (no usemos a la ligera el término sin conocer el movimiento), si no en juego. La vida en esa película es un juego tan corruptible como el de Sleuth (Mankiewicz, 1972), y tan ligero como saltar juguetonamente los charcos de la perversión, permitiendo que esta tan solo salpique los elegantes zapatos forrados de raso. Pobre Belle de Jour (Buñuel, 1967).


Bárbara (Bárbara Lennie) y Alicia (Lucía Pollán) quedarán vinculadas como las piezas de un puzzle encajadas a la fuerza; y la normal niña enferma provocará el definitivo hundimiento en la nueva esposa de ropa anudada hasta el último botón del cuello. Luis (Luis Bermejo), un padre soltero entregadísimo, pero de carrera frustrada, otro profesor de literatura en paro, se convertirá, por el deseo de su hija, en un ser maquiavélico; y Damián (José Sacristán), el profesor de matemáticas de Bárbara, siempre estará al lado de su exalumna, y qué sentimiento al saber que las tornas, aunque perdamos la esperanza, cambian.

Pero, ¿qué provoca tanta atracción en esta película? Primero, se la debe felicitar por haberse infiltrado entre el público medio, sus galardones pueblan nuestro horizonte de expectativas; y estrategias comerciales, por supuesto, las habrá, sin embargo, enhorabuena por la jugada ya que no es baladí. Tuve la oportunidad de verla como clausura del Festival REC 2014, una vez más, gracias por el generoso gesto de la organización con la ciudad; y pude comprobar, por los continuos cuchicheos risibles de las personas a mi alrededor, que el nivel de lectura principiante, funcionaba perfectamente. Luego, los cinéfilos vimos por ahí a Buñuel, a El mago de Oz (Fleming, 1939), las referencias literarias… Pero sobre todo, el humor de Vermut. Unos giros de guión desconcertantes, y aunque suene tópico, no apto para todos. Porque como todo juego, Magical Girl puede ser un divertimento complejo, pero un simple entretenimiento; o, más bien, una pequeña muestra de cuán fácil es cambiar de bando, de saber cuánto importan los medios para conseguir el fin.

Y en esta inteligente tomadura de pelo, y no lo digo peyorativamente, en absoluto, es el tono la piedra angular. Carlos Vermut es tremenda y extrañamente hábil en el uso de la seriedad, el humor, la parodia y el esperpento. Y haber adiestrado el humor y la seriedad es haber domado la vida. Y con ello, la frontera. No se deben buscar respuestas a Magical Girl, eso sería de una torpeza increíble, y Vermut acierta en la atmósfera de continuo misterio. El espectador debe solamente mirar, ser voyeur de la tragicomedia de Alicia y Bárbara, de Luis y Damián, y ¿de la suya propia?



Y no importa que la deriva y las maquinaciones de Luis no resulten coherentes o creíbles; o que la recuperación psicológica de Bárbara sea más falsa que su perfecto marido (Israel Elejalde); o que Alicia pidiendo fumar y beber parezca salidos más de una fantasía o sueño que de la realidad. Y no importa porque un soberbio y sabio José Sacristán entrega un personaje total, que no elude ni se esconde, y se convierte en el justiciero de Bárbara, como culmen de la relación sádica y purísima en bajezas que intercambian. Qué más da, si el juego continúa; si ya nadie es bueno, ni es malo; si solo se trata de una fiera que lucha por la vida, y por los sueños. Y ¡ay!, qué magnífica la ambivalente banda sonora, ya era hora que el flamenco se levara. ¡Y el soniquete del karaoke! Terminamos sonriendo.

Anna Montes Espejo



No hay comentarios:

Publicar un comentario