domingo, 2 de abril de 2017

RECOMENDACIÓN 96: MIGUEL HERNÁNDEZ: VIENTO DEL PUEBLO


MIGUEL HERNÁNDEZ: 
VIENTO DEL PUEBLO


Hace unos días decidí ver (por fin) por completo la conocida miniserie “Miguel Hernández: Viento del Pueblo”. He tenido la oportunidad de ver la serie, estrenada en 2002 y de dos capítulos de 90 minutos,  varias veces, pero la pereza ha podido conmigo y nunca la había terminado. Pereza porque creo que a esta “película” le faltan muchas cosas para ser una buena “película”. Entiendo, dado el tema, que no pueda ser un film de acción con efectos especiales espectaculares, o que no tenga diálogos profundos ni una excesiva moraleja final…, pero siempre he echado en falta muchas cosas en la serie, entre otras, una buena interpretación por parte de algunos actores. No lo he expresado bien; lo diré mejor: no me creo nada de lo que pasa, salvo que me lo creo porque conozco la historia de Miguel Hernández. Es como si todo lo contado fuera mentira. No veo pasión en Miguel ni veo dolor en Josefina, o al menos el que yo imagino que sentirían. No me emociono, no veo nada “real” en la película. Por no hablar de lo impoluto que va Miguel Hernández...

La película fue dirigida por José Marón Larraz, con guión de Rafael Moreno Alba, y cuenta en el reparto con la presencia de Liberto Rabal, Silvia Abascal, Eusebio Poncela, José Sancho o Agustín González. Larraz, que ya había dirigido “Goya” en 1985, se hizo cargo de la película tras la inesperada muerte del creador original, Moreno Alba, que murió seis meses antes de iniciar el rodaje. Larraz declaró, no obstante, que lo hizo por vocación, no por “encargo”, y señaló que lo hizo porque “porque admiro la bondad y la honestidad que desprende el personaje, un hombre de pueblo, idealista y bueno, al que el público va a querer y seguir”.

La película cuenta lo que uno puede prever: narra la vida de Miguel Hernández desde que nace en Orihuela en 1910 hasta su encarcelamiento y muerte en 1942, todo contado en primera persona. La narración arranca en 1939, cuando Miguel Hernández intenta huir a Portugal y es detenido en la frontera; a partir de ahí comienza el largo recorrido por las cárceles franquistas, desde las que va recordando su vida desde la infancia. Destaca, sobre todo, en la serie el aspecto personal de Hernández, como bien confesó el director, más que su faceta poética o política (aunque esto, claro está, es difícil de separar, ya que su compromiso social siempre estuvo ligado a su obra y a su vida). Consolidada la amistad de Miguel con Ramón Sijé, llega a Madrid tras la proclamación de la República para darse a conocer como poeta, sin apenas dinero para mantenerse. Finalmente vuelve al pueblo, donde se casa Josefina Manresa (Abascal). Tras la publicación de “Perito en lunas” vuelve a Madrid y conoce a varios poetas e intelectuales, entre ellos a Pablo Neruda, quien se convierte tras el estallido de la guerra en el poeta-soldado que declama sus versos en el frente. La derrota republicana le lleva de prisión en prisión hasta que en 1942 muere enfermo en la cárcel de Alicante. Neruda diría que “recordar a Miguel Hernández es un deber de amor”.

Por lo que tengo entendido, ha sido una de las producciones televisivas más costosas: tuvo un presupuesto de 500 millones de pesetas (unos 3 millones de euros). En su rodaje se usaron 135 decorados diferentes, en distintos lugares de Toledo, Segovia, Madrid, Alicante, Cox y Orihuela. De su ciudad natal son algunas escenas: su propia casa, ahora museo, el colegio Santo Domingo, donde estudió, o del Casino, donde se reunían los poetas de la ciudad.

El director lo tuvo claro: quería a Rabal como protagonista de “Viento del pueblo” porque “transmite esa ternura fuerte de Hernández, más allá del parecido físico. El mismo Liberto comentó su satisfacción por dar vida al poeta, al que se aproximó a través su abuelo Francisco, que a menudo recitaba su obra y “al que siempre quiso interpretar y no pudo”. Sin duda, se trataba de una gran responsabilidad no sólo para el director sino para los actores.

El título, como bien sabrán los entendidos en la obra de Miguel Hernández, se toma del poemario homónimo publicado en 1937, un libro que los estudiosos de su obra localizan en una segunda etapa poética (esa más “bélica” y de urgencia, alejada del tono personal anterior). Aquí el oriolano pasa del amor a la mujer al amor a la tierra y a la libertad. Ese tono propagandístico del poemario es precisamente lo que más se destaca en la película, donde no se ve un poeta del “yo”, sino un poeta comprometido con lo social y político. De hecho, a lo largo del film se leen varios de estos poemas más centrados en el espíritu de los soldados y algunas arengas bélicas.

Según leo en algunas críticas, la película gustó mucho porque se trataba de una manera más “fácil” de acercar la obra de Miguel Hernández a los jóvenes y hacerles entender “ciertos conceptos sociales” de la España de esa época. Evidentemente no puedo estar de acuerdo, o al menos no del todo. Si la película tiene una utilidad, en este caso no es esa su labor. Basta conocer un poco la Historia de España y la historia del oriolano para entender bien eso que, según se dijo, la película pretende enseñar “socialmente hablando”. A mi entender es, básicamente, una miniserie que nos acerca a su figura pero sin más pretensiones. ¿Que puede dar pie a alguien a sentarse a leer su obra? Seguramente sí. ¿Que haya alguien que no sepa nada de la Historia de España y la serie le invite a buscar qué pasó en esos años? Puede que también. Pero no creo que la película tenga una finalidad didáctica ni una labor educadora, ni para la Historia ni para la Literatura españolas.

Es interesante cómo van pasando por la película de un modo casi anecdótico personajes intelectuales de la época, como José Bergamín, Pablo Neruda, Ernesto Giménez Caballero, Antonio Buero Vallejo o el mismo García Lorca, con un terrible acento andaluz que tampoco consigo creerme. Eché de menos que no apareciera más Neruda, sobre todo por lo importante que resultó en su vida.

En definitiva, no lamento haber visto por fin esta miniserie completa durante estos días, que se cumplían 75 años de la muerte de Miguel Hernández, pero reconozco que no me he quedado contenta con el resultado. Me ha faltado emoción, me ha faltado “algo” de interpretación por parte de los actores, me han faltado “datos” históricos… En fin: que no es terrible, pero sí “incompleta”. Y ojo: entiendo que es difícil, no sólo por el período histórico que abarca sino por la complejidad del personaje que tratamos. No es fácil hacer una película sobre la vida y obra de Miguel Hernández, pero desde luego creo que no la volveré a ver. Así que, lejos de ser una recomendación cinematográfica, sólo puedo decir que -como anécdota- no está mal, pero si se ha de dedicar tiempo a Miguel Hernández, mejor hacerlo con sus versos. En definitiva, un pequeño aperitivo que te deja “a medias” para aquellos que quieran saber quién era Miguel Hernández y qué fue de su vida grosso modo.



Noelia Illán



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